KINESIOLOGAS DE PROVINCIA

Cuando uno se dedica al oficio más antiguo del mundo la familia es la que de una u otra forma siempre está a tu lado cuando más lo necesitas. Me llaman Aracceli (pronunciado en italiano suena Aracheli y me lo pusieron justamente por ser una arrecha) y soy una de las kinesiólogas de provincia que tuvo que dejar de lado a los suyos para llevar placer a los parroquianos de todo el país necesitados de mis caricias y compañía sexual. Gracias a mi profesión de puta he recorrido el Perú de punta a punta, he pasado calor y frio en cada lugar a donde llegue con el solo propósito de abrirme de piernas y llenar de gozo a mis afanosos clientes.

De todos los lugares que conocí debo confesar que mi zona preferida es el norte peruano, en especial las ciudades de Trujillo Chiclayo Piura en donde pase muy buenos momentos.

¿Qué ofrece una kinesióloga de Trujillo Chiclayo Piura que no ofrezcan las demás? Definitivamente la pasión que le ponen a sus encuentros sexuales las putas del norte no se comparan con las de otras ciudades. Yo me contagie de esa pasión, de esa entrega y aprendí mucho en estos lugares. Además el clima y la alimentación a base de pescado influyen también en nosotras las putas para tener esa motivación extra que es la arrechura, la excitación, por eso allá fue que me bautizaron con el nombre que hoy me hace conocida en el ambiente puteril.

La semana que paso me comunicaron que mi suegra había fallecido y me fui volando para su velorio a la mañana siguiente. Tenía el deber de asistir ya que mi suegra siempre fue buena conmigo, incluso lloro cuando le dije que me alejaba de su hijo por mi condición de puta, ella tenía un cáncer muy avanzado y la familia solo esperaba su final.

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Esa noche mientras desarrollaba mi agitado trabajo me puse a recordar por lo que había pasado en los últimos 5 años de mi vida, mi matrimonio con Lucho, que no era ningún santo pero siempre me respeto como mujer, ni que decir en el sexo nunca me había fallado, él fue el primer y único amor de mi vida, mis amigas me contaban cosas malas de él, pero la verdad no les hacía caso. El ahora está casado con otra mujer y yo solamente soy un bonito recuerdo según me lo ha dicho. Y yo estoy feliz por eso. Recordaba también mis inicios como escort o kinesióloga a mis cortos 18 añitos cuando aún andaba de novia con Lucho. Pobre cuantas veces lo hice cornudo.

¿Las kinesiólogas de provincia son mayores de 18 años? En la mayoría de lugares por donde vendí mi cuerpo me he relacionado con putas de todas las edades, pero siempre encontré a menores de edad. Chicas de apenas 16 años que ya ejercían la prostitución muchas de ellas seducidas y obligadas por sus cafichos quienes sacaban provecho de sus actividades sexuales sin que ellas pudiesen hacer nada por evitarlo.

Cuando llegue a Lima me hospede en un hotel cerca de la casa de Lucho en donde sería el velorio de la señora. Volver a ese lugar que fue mi hogar me hizo pensar nuevamente en tantos recuerdos y eso que recién tengo 22 años. Me comencé a cambiar y busque un vestido negro, era verano y no necesite de algo abrigado, mi cabello lo traía corto así es que no me daba trabajo, soy bajita y bien despachadita de tetas y culo. Tome un taxi para ir al velorio y cuando llegue vi mucha gente conocida, los salude y me acerque al ataúd para rezar por el alma de mi suegra, cuando termine al voltear me encontré con mis dos cuñadas, ellas siempre habían sido mis mejores amigas mientras había estado casada con su hermano y estuvieron de mi parte con mi decisión de separarme, nos saludamos y abrazamos efusivamente.

– Qué bueno que viniste, acuérdate que aquí siempre serás bienvenida.

Siempre habíamos compartido todo entre nosotras, incluso cuando nuestros esposos se reunían, nosotras nos juntábamos en una casa para ver una película, y tomar unos tragos mientras los esperábamos, a mi ex eso le gustaba, pues sabía que cuando yo tomaba licor, me desinhibía y me volvía una gata loca de sexo y le hacía maravillas en la cama. Mientras conversaba con mis cuñadas recordábamos esas reuniones y nos reíamos. Entonces una de ellas se fue a la cocina y regreso con una botella de pisco.

– Salud por mi madre y por tu presencia en su velatorio, tu sabes como ella te quería.

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Y así comenzamos a bebernos la botella, aparte de que nos dio por conversar y recordar nuestras alocadas reuniones, nos reíamos al hablar sobre nuestros maridos. Les cuento que el pisco es recontra trepador y después de una hora ya nos habíamos tomado la primera botella y habíamos comenzado la segunda, en eso nos dimos cuenta que había llegado Lucho, no pude evitar sentirme un poco tensa, hace como tres años que no lo veía, él era un moreno alto y robusto, me miro serio, yo me acerque para darle el pésame lo abrace y le di un beso en la mejilla, cuando sentí como su brazo me atrapaba, y me pegaba a él. Desde siempre a Lucho le gustaba darme abrazos muy fuertes, pego su cara a la mía, y sentí su aliento a licor, pego sus labios a mi oído y me susurró.

-Tu cintura esta tan rica como siempre.

Y disimulando me soltó, sus hermanas ni lo saludaron, él se alejó y se reunió con otros familiares.

-Cuñada, no te preocupes Lucho no te guarda rencor, al contrario quiere lo mejor para ti. Sigamos brindando.

Y así seguimos brindando y recordando viejos tiempos. Había tomado tanto que me dieron ganas de ir al baño. Pero en el baño del primer piso había una larga cola de señoras, entonces mi cuñada me recordó que había en el segundo piso otro baño, que podía subir con confianza. Comencé a subir las escaleras y al llegar al segundo piso me encontré con algo que conocía, era la puerta de lo que había sido mi dormitorio, pues allí adentro había un baño privado, cuando abrí la puerta, el cuarto estaba a oscuras, pero se podía notar mi gran cama, trate de olvidarme de todo y me fui directamente al baño, prendí la luz y me senté, me sentí más tranquila, termine, y apague la luz, en penumbras me dirigí hacia la puerta, cuando de repente sentí que unos brazos poderosos me arrojaban a la cama, estaba aturdida, cuando sentí el cuerpo de un hombre encima mío que me sujetaba y me tapaba la boca con una manota.

– Ahora si Aracceli, no sabes cómo me muero de ganas por metértela.

La voz de Lucho susurrándome al oído me hizo retroceder en el tiempo. Sentía que todo me daba vueltas en parte por todo el licor que tenía en la sangre, además sentir el cuerpo en mi ex encima mío, con su voz de borracho, con unas ganas que yo conocía, pero ahora las cosas habían cambiado, ahora el estaba casado con otra mujer, en mi duda el no había perdido el tiempo y logro quitarme el vestido, se separó un poco, para mi mala suerte mi brasier era con broche mágico o sea con el broche adelante y el sabía que me gustaba usar ese tipo de brasier, y en un toque, mis dos tetas salieron de su prisión.

– Que ricas tetas, no sabes cómo las he extrañado.

Sin más, se abalanzo a chuparlas y a lamer mis pezones, no podía moverme por el peso de su cuerpo, sabía que debía detenerlo pues el sabia como me excitaba cuando me lamia los pezones, me ponía los pelos de punta.

– Lucho no sigas, por favor detente, no no no…déjame o voy a gritar.

Mientras hablaba él no me hacía mucho caso pues sus manos acariciaban todo mi cuerpo haciendo que me relaje completamente, sentía que su pecho peludo se frotaba en mis pezones y me tenía que morder los labios para no gemir, mi cuerpo me traicionaba, sentí su cara frente a la mía y me miró fijamente.

-Puedes gritar todo lo quieras, te imaginas lo que van a pensar toda la familia cuando suba y nos encuentren, a ti con las tetas al aire, solo con una tanga negra, y a mi desnudo encima de ti? bueno a los hombres le va encantar ver tu cuerpazo, lo cual no me gusta, pero en fin depende de ti.

Mientras hablaba, todo mi valor desaparecía, me daba cuenta que tenía razón, que había reaccionado demasiado tarde, pero también sentía que mi cuerpo me quemaba, sentía que mi corazón latía a mil por hora. De pronto sentía sus dedos ingresar en mi conchita y comenzaba a darle vueltas dentro. Mi cuerpo se retorcía de placer, no quería que se diera cuenta, pero todo se vino abajo cuando me dijo:

-Me has extrañado verdad? estas mojadita, mi amor mi puta, te la voy a meter hasta el fondo, que conchita, mi conchita de siempre, eres la única.

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Mientras estaba a punto de ser violada por mi ex esposo me pregunte:

¿Por qué no ofrecer entonces en lima peru mis servicios de kinesióloga?

Tendría a mi familia cerca, no de vuelta a mi vida pero si cerca para cualquier situación que se me presente.

Volviendo a mi casi violación. Comenzó a bajarme la tanguita negra, que había escogido por el luto, el me la arranco y se la metió en la nariz, entonces se abalanzo y comenzó a comerme la conchita, sus dientes suavemente y su lengua se metían en mi vagina, ya no podía evitar retorcerme de placer, mi mente quería que Lucho se detenga, pero mi conchita quería su pinga, ese miembro que me regalo tantas noches de placer, el seguía frotando su cara mal afeitada sobre mis partes íntimas, me volvía loca, entonces se detuvo y arrodillándose entre mis piernas, las comenzó a separar, mientras sus ojos no dejaban de mirarme, yo ya no tenía voluntad, y no hacia resistencia. Entonces cogió su pene totalmente erecto, dispuesto a metérmelo, pero me quedaba aun un poco de decencia, lo mire con ojos suplicantes y le dije:

– Lucho no seas malo, no lo hagas, no lo hagas, estas casado, estas casadoooooohhhhhhhh…

Esa pinga bendita había vuelto a entrar en mí, y con lo mojadita que estaba me la había comido entera, pude saborear cada centímetro que ingresaba en mí y las paredes de mi conchita le daban la bienvenida, teniendo contracciones una y otra vez, mientras mis piernas se atenazaban a su espalda como tratando de que no se desprenda de mi.

Comenzó a meterla y sacarla una y otra vez, afuera y adentro, afuera y adentro, una y otra vez esa carne entraba en mí, mientras mis caderas trataban de mantener el mismo ritmo, todo se repetía afuera y adentro afuera y adentro, entonces sentí como ese fuego conocido que hace dos años no sentía inundaba mi cuerpo, era un orgasmo violento, que me transformaba en una perra hambrienta de más pinga.

-Mas..mas negro métemela más mas, mas, negro todita todita, no la saques, no todita, mas más…

Sin sacarla se abalanzo a mis labios y comenzamos a besarnos como locos, yo sabía lo que el quería, se dio la vuelta y se colocó en la posición 69, tenía su pene en mi cara y no dude en chuparsela, estaba saladita con la mezcla de nuestros líquidos, el resoplaba como un animal en celo.

Mientras su boca comía mi conchita, de pronto sentí como metió dos dedos en mí vagina, me retorcía, pero él me tenía bien sujeta y no dejaba la presa, entonces me vino un segundo orgasmo, me relaje, y el regreso a la posición inicial me volvió a separar las piernas y de un solo tirón me la volvió a meter, con más violencia, sentía como sus pelotas golpeaban mi culo y su pinga entraba y salía sin descanso, solo quería tenerla dentro de mí. En eso un pensamiento vino como un rayo a mi mente, me horroricé, hace 15 días me había quitado la t de cobre, pues con mi ginecólogo habíamos pensado en usar otro método. Me desespere, quería quitármelo de encima, pero él me tenía bien sujeta y poco podía hacer mi cuerpito con tremendo moreno, paso un minuto más de mete y saca, cuando lo sentí rígido y que me abrazaba más y más fuerte.

– No te vengas…no por favor, no lo hagas, no no te vengas, estoy en días fértiles, no no…

Entonces, sentí como un chorro de líquido caliente me inundaba, sentí un segundo y tercer chorro, mientras la rigidez de Lucho iba cediendo, sentí como se relajaba, y se daba la vuelta quedando tendido en la cama, como siempre acostumbraba se quedó dormido y comenzó a roncar.

Con la mente en blanco, comencé a vestirme, me arregle el cabello y me lave la cara. Salí del cuarto.

Mientras bajaba las gradas de la escalera, miraba las miradas cómplices de mis cuñadas que me esperaban levantado una copa y pensaba en ir volando a una farmacia para comprar mi pastilla del día siguiente y no detener mi vida como kinesióloga de provincia.

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