KINESIOLOGAS DE CHICLAYO

Una mañana me llego un mensaje de texto. Era mi comadre Esther quien me contaba que su hija Valeria, mi ahijada estaba viajando para Lima ya que le había salido un trabajo muy provechoso. Me pedía que me hiciera cargo de ella por un tiempo mientras se adaptaba a la ciudad y sus costumbres. Yo acepte gustoso sin imaginar que estaba a punto de ser el protector de la más fogosa de las kinesiólogas de Chiclayo.

A mis 40 años tenía la vida resuelta, estaba felizmente casado y con un trabajo estable que me daba lo necesario para vivir cómodamente. Pero llego a mi vida Valeria mi ahijada de 18 añitos, quien venía de su natal Chiclayo para una supuesta entrevista de trabajo que no podía dejar pasar. Conocí a mi comadre Esther cuando trabajé en el norte del país. Ella estaba embarazada de mi ahijada y seria madre soltera. Como toda chiclayana era una gordita risueña, alegre, blancona y de mejillas rosadas y chaposas. Al nacer Valeria ayudé a Esther con algunos gastos, por lo que me eligió padrino de su pequeña y entonces todos los años las visitaba y les llevaba regalos.

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Cuando me case lleve a Chiclayo a mi mujer para que conozca a Valeria, quien en ese entonces tenía 7 añitos. Cuando la presente Valeria estaba un poco reacia con Ángela mi esposa, quien es psicóloga y me dijo que era normal su reacción ya que ella me ve como la única figura paterna que conoció.

Entonces para que cogiera confianza todos los años íbamos a verla los dos a Chiclayo. Pero ella era muy apegada a mí. Recuerdo que en una visita veraniega que hicimos por el norte, mi esposa y yo estuvimos haciendo el amor en nuestra pieza, la tenía abierta de piernas cogida de los muslos mientras su cabeza colgaba fuera del colchón. Todo iba bien hasta que al levantar la mirada pude ver a Valeria en la puerta espiándonos. A pesar de la oscuridad sus ojos estaban completamente abiertos y vi cuando su mirada cambió a miedo cuando se juntaron nuestras miradas.

 

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Durante la noche quise hablar con ella y explicarle las cosas. Olvidaba que en el norte la mayoría son más abiertos al sexo. Cuando me disponía a tocar la puerta de su habitación pude escuchar gemidos. Supuse que se estaba masturbando. Después de ese momento ya nada volvió a ser lo mismo.

Pasaron muchos años. Valeria ya había terminado el colegio y se disponía a trabajar ya que no quería estudiar una carrera universitaria. Por lo que se quedaría con nosotros durante un tiempo. Ángela se encontraba arreglando el cuarto de visita para su llegada. En realidad ese cuarto solo fue usado por Valeria. Estuvo moviendo algunos libros y cuadernos del estante cuando de uno de ellos cayó una foto de un viaje en la playa.

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La sorpresa continuó cuando quiso devolver la foto al cuaderno de donde salió. Vio un diario íntimo de Valeria.

“Fecha: 14 de febrero de 2013

Hoy fui a la playa con mi padrino y Ángela. Le tengo envidia. Se veía espectacular con su cuerpo de diosa en ese bikini ¡Me siento celosa! Me encanta refrescarme junto a mi padrino, jugar en el agua y la arena, él me toma de las manos para que no me jale la ola. Al llegar a casa me hice una paja en su honor. Me gustaría sentir su cuerpo caliente, sus músculos y sentir su pecho peludo sobre el mío”.

Ángela estaba en shock. Su ahijada deseaba tirarse a su esposo. Sabía que ella veía en él una figura paterna, además ese diario es antiguo, ya se le debería haber quitado su complejo de Electra, pensó.

Con las constantes visitas Valeria se mostraba muy atenta con ambos. Su padrino se había convertido en su mejor amigo y confidente. ¿Sería por eso? Continuó leyendo páginas anteriores del diario a ver si encontraba alguna pista. Abrió otra página:

“Fecha: 26 de noviembre del 2016

Hoy desperté temprano, antes que todos. Mis padrinos se levantaron para desayunar. Mi padrino se veía despeinado, al igual que Ángela. Ella tenia puesta su pijama, se notaba que no llevaba sostén, ni se veían los elásticos de su calzón. Pasaron por mi cabeza imágenes de la lujuria. Apuesto que habían hecho el amor durante toda la noche.”

“Sé que está mal lo que pienso. Sé que está mal lo que deseo. Pero no puedo evitarlo. No hay hombre en el mundo que me atraiga como él: es amable, inteligente, tierno, con una voz muy varonil y guapo. Es mi padrino y lo quiero. Aun así, mis ojos lo ven como el hombre ideal. Mi cuerpo lo desea.”

Fui al terminal a recoger a mi ahijada. Ya había cumplido 18 años y se había convertido en una hermosa mujer. Cuando bajó vino corriendo a abrazarme. Le ayudé con las maletas y me pidió que la espere un rato que iba al baño para cambiarse pues llevaba un saco para abrigarse del aire acondicionado y el clima de Lima estaba caluroso.

Cuando salió estaba embobado: llevaba un top ceñido y un short jean. No fui el único en voltear cuando la vieron salir del servicio. Su cuerpo era precioso de caderas anchas, pechos y culo grandes y firmes.

 

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Aunque es odioso comparar, mi esposa era un poco más pequeña y delgada, de tetas bonitas y grandes para su tamaño además de un trasero proporcionado. Camino a casa la charla fue muy amena. De vez en cuando cambiaba de posición cruzando las piernas, lo cual hacía que mi vista se desviara hacia éstas a través del espejo retrovisor.

Cuando volví a casa vi la incomodidad de Ángela al ver a mi ahijada. Asumí que fue por su forma de vestir. Desde hacia buen tiempo ella ya no se sentía una mujer tan hermosa, ni mucho menos sensual, pero me amaba, además de esposo era su mejor amigo. Aún haciamos el amor interdiario de manera apasionada, pero el sexo ya se estaba vuelto algo rutinario. Ya no inventabamos nuevas formas de amar como en los primeros años. Pero al leer el diario de Valeria de momento ella se sintió más caliente. Su respiración se aceleró, así como los latidos de su corazón y sintió humedad en su entrepierna. Con el corazón latiéndole a mil recogió la libreta. Retrocedió a la primera página del diario:

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“Fecha: 27 de Agosto del 2014

He intentado muchas veces no pensar en él. Pero lo veo todos los días. Su sonrisa. Su cuerpo, su carácter amable, tierno y es el hombre más inteligente que conozco. Cómo no enamorarme de él: Si es la idealización de mi amor. Mis ojos lo siguen. Pero anoche, todo cambió: Vi a mi padrino y a Ángela haciendo el amor de manera amorosa, sensual y apasionada. Mi cuerpo reacciona. ¡Qué afortunada su esposa! ¡Le tengo mucha envidia! Es inteligente, tiene un cuerpo proporcionado, trabajadora y recta. Una mujer intachable.

Esa noche me masturbé hasta dormirme, pero a partir de esa noche y las siguientes tenía sueños húmedos donde en algunos casos yo estaba viendo cómo follaban y en otros era yo la que estaba en la cama con mi padrino”.

Ángela sintió su cuerpo caliente, sus piernas flaquearon y sintió humedad emanando de su entrepierna y empezo a pasar su mano para aplacar la calentura.

“Llevo mucho tiempo así: deseándolo, sufriendo por ese deseo en silencio. Por eso he decidido escribir este diario. Porque me he dado cuenta de una cosa. De que a pesar de todo. A pesar de saber que está mal, también me gusta sentirlo. Cuando lo miro y tengo fantasías con él me siento bien. Aunque después me diga a mí misma que soy una pervertida, en esos momentos soy feliz”.

De pronto sintió que alguien venia y se escondió detrás de la puerta de la cochera. Era Valeroia que venia con un chico y se empezaron a besar apasionadamente. Se metieron en la camioneta que estaba allí estacionada y dieron rienda suenta a sus mas bajas pasiones. Angela no pudo evitar calentarse al ver como tenían sexo esa parejita fogoza.

Tampoco podía negar la incomodidad que le producía el hecho de que Valeria pueda quitarle a su esposo si lo deseaba. Pero lejos de cogerle odio a la muchacha, sintió morbo luego de verla tirar rico con un chibolo.

Esa noche Ángela salió a cenar con su esposo fuera:

-¡Esposita!

-¡Ummmh! ¿Qué pasa, papi? –dijo Ángela saliendo de sus propios pensamientos. Solo le llamaba papi cuando estaba excitada.

– Estás muy distraída, mami. ¿Pasó algo? –dijo su esposo en tono de broma, sin tomar en consideración el uso del apelativo cariñoso.

– ¡no! Nada.

– Sigues con la mirada perdida.

Esa noche Ángela y su esposo hicieron el amor de manera totalmente salvaje y renovada. Ángela llevaba el control y hacía mayor ruido del usual. Se sentía más caliente sabiendo que Valeria los podía espiar.

Valeria se puso muy caliente oyendo los ruidos que salían de la habitación de su padrino. Se masturbó hasta quedarse dormida, reprimiendo el impulso de levantarse de la cama y mirar lo que hacían sus padrinos.

 

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Luego de una gran faena con mi esposa me dispuse a salir para ver que todo esté en orden en la sala y demás ambientes de la casa. Al pasar por el cuarto de mi ahijada Valeria vi las luces prendías y cuando ingrese la vi tirada totalmente desnuda en su cama. Tenía un cuerpo delicioso, cada cosa en su lugar y además muy firmes y redondos. Simplemente el verla ahí dormida me causo una tremenda erección que pensé en desfogar toda mi excitación con mi ahijada. Entonces me acerque donde ella y comencé a sobarle todo el cuerpo, sus tetas, su culo.

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-Ella se despertó sobre saltada… ¿Qué paso padrino? Me dijo sorprendida.

-Pues no se dímelo tú. Estas desnuda sobre la cama. O es que me estabas esperando eh?

– Huy… que miedo me das cuando hablas asi padrino. ¿Es que me vas a cachar?

Su padrino le abrió las piernas.

– ¡Abre las piernas, puta!

– ¿Es que no sabes abrirlas tú?

Lo volvió a intentar, pero ella volvió a hacer fuerza y a reírse. Entonces le dio otra nalgada con la mano abierta

– Te he dicho que abras las piernas!

– Ja ja ja ja. ¡NO!

Valeria abrió las piernas, mirándolo a los ojos. Levantó un poco su tentador culito.

– Ya están abiertas. ¿Y ahora qué?

-Valeria sabría ahora quien era su padrino.

En realidad Valeria había desarrollado un cuerpo de infarto. Su padrino se puso como loco al tenerla como Dios la trajo al mundo. Sus pechos casi perfectos encajaban muy bien en sus manos y al chuparlos era como comer miel. Sus pezones paraditos y negros le provocaron unas ganas locas de pellizcarlos y morderlos. Así lo hizo y Valeria gritaba de placer, gemía como una puta barata. Entonces era momento de darle algo de cariño a la conchita palpitante de la mocosa. Al pasar su mano por la vagina de su ahijada pudo notar que además de caliente estaba que mojaba toda la trusa.

No aguantaba más, me comencé a quitar el pijama y mi bóxer. Libere mi pinga que además de erecta estaba gruesa de las ganas. Sin decir nada se metió todo mi pene a la boca y lo comenzó a chupar con desesperación, como si le dieran un helado a un niño me lo dejo lleno de su saliva en cuestión de segundo. Me lo mamo deliciosamente que por poco provoca que me venga en su garganta.

Como ya estaba muy excitado se lo empecé a empujar en toda su conchita. Primero la cogí en la pose del perrito y luego proseguimos toda la noche haciendo maravillas en la cama. Antes de que amaneciera tuve que volver a mi habitación para que mi esposa no se diera cuenta.

Mi ahijada es desde esa noche mi puta oficial ya que así no quiera cuando yo tenga ganas siempre tendrá que abrirse de piernas para mi satisfacción.