KINESIOLOGAS DE CHINCHA

Por asuntos de trabajo tuve que visitar la acogedora provincia sureña de Chincha, era invierno y debía permanecer dos semanas capacitando personal para la empresa en donde soy supervisor. Me hospede en un departamento desamoblado que solo contaba con lo básico, sin televisión y una conexión a internet muy mala. Por suerte estaba cerca de donde yo capacitaba, un lugar antiguamente industrial y que ahora albergaba casas de vivienda social. Por ahí rondaban también las más hermosas kinesiólogas de Chincha.

Hacía mucho que no tenía novia y siempre recurría a una que otra chica del fin de semana o por ultimo a alguna escort. Tengo mala suerte con las mujeres pues no soy muy agraciado ni atractivo, por el contrario soy un flaco, gris y serio, pero aunque no lo parezca en cuanto al sexo soy bien eficaz en dar placer.

 

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El último viernes de capacitación fue día libre, algo no muy favorable para mí ya que debía esperar al lunes para viajar. En el aburrimiento del medio día salí a almorzar, camino al local se acercaron unos muchachos ofreciéndome marihuana. Yo consumía y conocía algo del tema, lo ofrecido era buena merca así que no dudé en comprar varias dosis. Comenzó a llover así es que volví al departamento que estaba frío y oscuro. Para mi fumar hierva siempre fue un relajo, mientras fumaba note todo el humo que iba invadiendo el cuarto y que fácilmente me pondría en evidencia. Algo paranoico, tome mi impermeable y salí rumbo al parque a fumar.

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Estaba oscureciendo mientras yo caminaba por el largo parque cuando de pronto dos vagabundos se me acercan pidiéndome fumar, yo les prendí uno para ellos. Los tipos soltaron sus bolsas con pegamento y fumaron, en eso noto que uno de ellos es una chica, una chica delgada, de melena desordenada, algo mal oliente, vestía ropa gruesa y sucia, reía y murmuraba cosas que no entendía.

Alejado ya de la pareja, escucho que pelean y el tipo empuja a la chica y se va con el porro que les invite. La muchacha en el suelo frunce el ceño y se soba la mano. La socorrí ayudando a levantarse, sintiendo su olor fuerte a tierra, orina y suciedad. Llovía y estaba muy frío el ambiente así que decidí partir a casa con ella, le invite mi porro y así me acompañó fumando y riendo.

Al llegar donde me hospedaba ella quedó afuera, el conserje la correteaba y ella bajo un árbol se sentó con la cabeza gacha. La miré un instante por la ventana, mientras comía chocolate, fue en ese instante donde pensé en invitarla a pasar, darle qué comer, luego un baño, aprovechar su estado y tirar con ella.

La idea no pude quitármela de la cabeza, estaba excitado y algo erecto. Esperé a qué el conserje concluya su ronda y partí a buscarla. Le hablaba que si quería comer y fumar, que hacía frío y quería ayudarla, pero ella mantenía la cabeza gacha. La tome de un brazo y la cargué, antes que llegara el conserje entré, ella no oponía resistencia y dócil entramos al departamento.

No sabía bien que hacer, le hablaba y no reaccionaba del todo, tomé su mano y estaba heladísima, es más, estaba empapada; le retiré sus ropajes rotos y sucios, quedando con un buzo, descalza y con una polera. Moví la estufa cerca de la alfombra dónde estábamos sentados, mirando su rostro marcado por el frío, de labios partidos, ojos hinchados y su palidez. Pensaba que no debía aprovechar su situación, sin embargo, al ver sus pechos que se marcaban en su sucia polera, volvió esa idea, ese instinto de calentura, de darle protección y placer.

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Puse mi mano sobre su pecho, masajeando lentamente, sintiendo su duro y pequeño pezón. Ella se dio cuenta y corrió mi mano, indicando su panza; claro la chica debía estar muerta de hambre, por lo que le prepare unos emparedados, y té. Ella los acepto abriendo sus ojos y sonriendo. La vi comer observando su rostro descuidado y golpeado por la intemperie. Recupero el habla luego de comer:

– gracias.

– tengo más si gustas.

– siii!! Por favor.

Prepare más emparedados para mí huésped. Además de té y una barra de chocolate que estaba comiendo.

 

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Ella estaba fascinada y yo también. Sentía una sensación de excitación y exaltación cada vez que ella agradecía. No hablaba más y yo tampoco.

Se rascaba su cuello y pelo. Yo estire mi mano a su mejilla acariciándola ella se dejaba, mirándonos observé detenidamente sus ojos, notaban tristeza y desesperación, me acerque a abrazarla a lo que ella se zafaba, se puso de pie y buscando sus cosas decía:

– me voy, me voy.

No quería que partiera, quería tenerla. Cuando iba a la puerta me puse de pie rápidamente y la empuje contra la pared, estaba pegado a ella y sentía su culo sobre mi verga.

– no te vayas. No quiero hacerte daño.

– no me pegues!

– no lo haré.

– no me viole. No lo haga por favor!!

Ella sollozaba.

Me aparte de ella, sintiendo su fuerte olor en todo momento. Le di la vuelta, pero ella no me miraba.

– quiero que estés bien, que te sientas bien.

Tome su rostro y la acaricie, ella estaba llorando un poco. Trate de calmarla.

– ven, solo quiero que estés bien.

Ella me mira con sus hinchados ojos, le señalo la alfombra y la estufa. Me siento y ella se acerca lentamente.

-Es chocolate. Ven.

Ella más tranquila lo acepta gustosa. Veo una leve sonrisa.

Termina de comer todo lo que le ofrezco.

– quiero mear.

– ah ok. Si si si.

Le señalo el baño. Ella entra y sin cerrar la puerta orina.

– quieres una ducha?

– tienes agua caliente?

– sí.

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Estando ella aun ocupada le alcanzo el agua caliente y el vapor que emanaba el recipiente la anima a entrar. Mirándome sin decir nada me animo a decirle con firmeza:

– yo te baño.

Ella entiende y se saca la ropa. Mis ojos se fijan en su entrepierna, levemente peluda y sus pechos, de oscuros y pequeños pezones. Yo me desvisto quedando en polera y jeans. Ella en la ducha se sienta bajo el agua, con un satisfacción que me impulso a tomar el trapo llenarlo de jabón y restregar su cuerpo. Notaba sus moretones en los muslos, sus costillas se marcaban y su pelo despedía una grasa color café. Estuve bastante tiempo restregando su piel, estaba excitado, lavaba su entrepierna y la giraba para sobarle el culo, yo estaba muy loco.

Tome el tarro de shampoo y lo aplique exageradamente en su cabeza restregando y restregando, ya estaba cansado y con calor. Me saque la polera y ella miraba. Seguí entonces con el pantalón, tratando de ver su reacción lo que me impulsó a quedar desnudo. Lentamente me metí a la ducha ella tomo la iniciativa de bañarme a mí, restregando el trapo en mi pecho y cuello. Yo la miraba y miraba. Hasta que tome su rostro y la besé. Ella se dejó, no oponía resistencia, acariciaba sus mejillas y pelo bajo el agua. Ella me abrazo poniendo su cabeza en mi pecho y sus manos en mi espalda.

Cerré el agua y tome la toalla secando su cuerpo que ahora mostraba algo de color. Tenía su mirada en mi pinga, que estaba muy erecta desde que me desnude. La invité a la habitación mientras traía la estufa y los chocolates. Mientras se los comía dejé caer mi toalla, tome su mano y la acerqué al calor de la estufa, la besé y solté su toalla. Ella esta vez se resistió un poco, la lleve con mi cuerpo a la cama, poniéndome sobre ella, comienza a zafarse mientras le beso el cuello y sus pechos, con sus manos intenta sacarme de encima a lo que yo bajo hacia su entrepierna y con fuerza se las abro, pero con suavidad empiezo a besar su conchita. Se resiste aún más, lo que me obliga a tomar sus manos y meterle lengua, sabe bien, ya que, procure limpiar bien la zona durante el baño.

Sus intentos no son suficientes para sacarme de su vagina. Continué intensamente lamiendo toda su concha. Luego de un rato dan efecto mis caricias y suelto sus manos para recorrer su cuerpo junto con las mías. Cedió y ahora se agitaba levemente abriendo sus piernas y moviendo sus caderas. Estaba ya excitada y muy húmeda, entonces me puse sobre ella y la penetre. Era estrecha y caliente por lo que no me guardé nada y le di con todo. Sus manos recorrían mi cuerpo y las mías las tenía en su cabeza, su rostro. Iba a acabar pero no quería que fuera dentro, por lo que me vacíe en el cobertor de la cama.

Quedé sobre ella lamiendo sus pechos. Sentía aquel pezón duro mientras estaba mamando. Sin cambiarme de esa posición y alternando entre sus pechos, estaba listo de nuevo. Con mi mano diestra manoseaba toda su raja y besándola empecé a masturbarla metiéndole mi dedo. Ella hacía lo propio con mi dura verga. Su respiración y gemidos anunciaban un orgasmo así es que aproveche metiéndosela de nuevo. Estaba empapada mientras le daba duro. Entre sus espasmos ya me venía así que me zafé de ella para acabar fuera y sin decirle nada ella me lo comienza a mamar acabando en su boca.

Cansado me senté en la cama y ella sobre mis piernas, la abracé.

Era ya media noche, así que la invité a dormir luego de beber más te y fumar más yerba.

 

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Lo que continuó fue una loca noche de sexo, té y marihuana. En la madrugada la desperté a besos y la puse sobre mí, mientras le clavaba el dedo en el ano. En medio del coito la detuve en seco me puse sobre ella, le pare el culo lamiéndole el orificio, se la quería dejar caer y ella no oponía resistencia por lo extasiada del sexo, la comida y la yerba. Apunte mi verga y lentamente le entraba, ella daba uno que otro espasmo, al tenerla toda adentro empecé a moverme como si el mundo se fuera acabar y lo hice en medio de los sonidos de la cama, los quejidos de la chica y la gran corrida que tuve, llenándole el orto de semen. Me aparte cayendo ambos en la cama, cansados y satisfechos.

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Desperté primero a eso del mediodía, ella dormía plácidamente sobre la almohada. Aproveche y pedí chifa por delivery, al llegar la comida el solo aroma la despertó. Comiendo ambos, solo se detenía para hacerme mimos y darme besos. Sin decir palabra alguna, no era necesario.

Luego de comer seguimos durmiendo y acariciándonos.

Fumamos más y tuvimos más sexo. Ella cada vez parecía más lúcida y feliz.

El domingo empezamos a platicar más, me contó de su vida, su triste infancia y adolescencia marcada por la pobreza. Yo solo pensaba en hacerla sentir bien, quería seguir dándole.

Cada vez que fumábamos ella parecía perder su conocimiento y se dejaba llevar, yo por mi parte aproveche cada momento para penetrarla por todos sus agujeros y acabando en ellos, dejando su culo abierto, pechos morados y su raja llena de semen.

La madrugada del lunes la desperté pensando en que ya debía partir, estando ella aún dormida tome sus piernas y le clave mi pene en su culo, estaba todo abierto, ella desperto tratando de zafarse.

– no, no. Es mucho ya.

– shh shhh, es la última ya.

– duele.

En eso la cambio de posición, poniéndome de pie y ella con el culo al aire, la penetro salvajemente, golpeando sus nalgas hasta quedar rojas, ella gemía y quejaba. Tome su cabeza jalándole hacia a mi, doblando su cuerpo. Me acerco a su espalda tomando sus pezones y retorciéndolos ella emite unos cuantos gritos. Me cuesta acabar me duele ya la pinga de tanto tirar, pero quiero terminar. Sigo azotando su culo rojo hasta que siento que me corro dentro, junto unos horribles dolores en los muslos, cintura y bajo la pinga.

Ella agitada se vuelve a tapar. Y yo descanso sobre la cama.

Desperté en la mañana de lunes, contracturado y cansado. Ordene mis cosas y me bañé mientras ella seguía durmiendo. Me vestí, dejé unos billetes y abandoné el departamento. Camino al terminal fume lo último de yerba, tomé el bus y mientras duro el viaje pensaba en ella, en la más fogosa de las kinesiólogas de Chincha.