KINESIOLOGAS DE JAEN

Desde que tengo mi puesto en el mercado busco conseguir los mejores productos para ofrecer a mi clientela. Es por eso que me recomendaron ir directamente hacia la zona de producción para conseguir a un menor precio ciertos insumos. Fue así que llegue a conocer un caserío en el norte del país donde se dedicaban a la producción del café, en ese pueblito además estaban las más hermosas kinesiólogas de Jaén.

Una vez que terminé de hacer mis negocios, me regresé en un autobús de la línea Oltursa hacia la capital. Fui uno de los últimos en abordar y para mí mala suerte me tocó uno de los penúltimos asientos. Y yo no sé si soy el único, pero siempre que me toco la oportunidad de ir solo de viaje, alucinaba con encontrar un mujeron con quien sentarme al lado. Pues llegué al número de mi asiento y ahí me esperaba una chica de apenas 20 añitos, con unas cejas pobladas y unos bonitos ojos. De dientes muy perfectos y sonrisa cálida, ella era de allá por lo que estaba bastante bronceadita, así que ese día por fin pude viajar con un bombón al lado tal y como fantaseaba miles de veces pero siempre me tocaba sentarme con viejas gordas y aburridas.

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¿Las kinesiólogas de Jaén tienen los derechos reservados con sus clientes?

 

Noté que estaba sentada muy incómoda con los paquetes y le dije, te ayudo con ese paquete, lo puse en el compartimiento de arriba mío y bueno comenzamos a conocernos.

Ella era menor que yo, le llevaba 10 años por lo menos, pero su naricita bien perfiladita y esa sonrisita de niña encantadora terminaron por convencerme. Se llamaba Andrea y viajaba a la capital en busca de trabajo. Viviría sola y todo.

Sabía que yo le gustaba por la forma en que conversaba conmigo. Congeniamos fácilmente, conversamos hasta que nuestras gargantas se secaron y tuvimos que pedir agua a la terramoza,

Nos llegó la noche y no queríamos dejar de conversar, incluso sentía que era cariñosa, así que ya cuando apagaron las luces del carro, todos nos dispusimos a dormir y ella también, pero su asiento era pésimo y no se reclinaba completamente para dormir, así que le ofrecí un almohadón entre mis piernas y le dije que se echara en ellas, ella dijo: “está bien”. Se acomodó recostándose y tapándose. Yo no podía dormir con ese bombón en mi regazo,

Nuevamente mi diablito empezó a hablarme en mi oído izquierdo: “Aprovecha que es guapita, sácale la verga y pónsela en la cara, nadie te va a ver ahora”.

Mi pulso se aceleró, pero no podía evitarlo, mi miembro estaba pidiendo a gritos que lo destapara a unos centímetros de su boca y su nariz, así que me las arreglé para bajarme la bragueta, parecía que sonaba una sierra de cortar madera lo que en ese momento se escuchaba en ese silencio absoluto, apenas interrumpido por el motor del autobús. Me asomé por el borde que había entre nuestros asientos y vi que la terramoza estaba dormida justo en el asiento trasero

Mi mano izquierda estaba apoyado en su cintura cubriendo a Andrea con la cobija y mi hábil mano derecha se las ingenió para sacar a mi monstruo de su cueva. Y ahí estaba, gigante y alborotado al borde de su nariz y sus labios, el panorama me emocionó. Me la empecé a menear, debido a que mi monstruo estaba escupiendo lubricante. Allí delante de esa carita me empecé a masturbar, habré estado manoseándome un buen tiempo hasta que mis jugos empezaban a hacer pequeños chasquidos con cada roce, los que se mojan bastante sabrán a lo que me refiero.

Yo no podía verle los ojos de ella, pero yo sospechaba que ella se hacía la dormida y veía con ojos de pequeña como ese penezote era masturbado en su delante. Le azoté con mi pene en sus mejillas, dejándoselo mojado, le acerqué mi sexo a su boca y nariz para que lo oliera, no tenía reacción ninguna, al poco tiempo ella se movió un poco y emitió ese sonido ligero y característico de la boca que hacemos todos al semi-despertarnos (y no estoy hablando de bostezar).

Hizo como que despertaba y lo miró directamente, no dijo palabra, emitió unas pequeñas palabras de sorpresa apenas audibles para mí y sin hacer más inmediatamente empezó a chuparlo primero por los bordes que era lo primero que su boca podía coger. Podía ver como sus labios se contornaban al borde de mi pene grueso, era como verla chupar un chupete gigante

Luego, se atrevió a más y me la empezó a chupar más frontalmente cuando levantó su cabeza. Al verla así, le empecé a empujar su cabeza hacia al fondo, para que se lo tragara todo, su boca pequeña abría todo su contorno para meterse tremendo bocado. Aproveché en bajarme más el pantalón, hasta la altura de mis muslos.

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Con su mano izquierda sacó mis bolas y las acarició, mientras se erguía mi paquete en su boca cargada de saliva. Sabía lo que hacía a pesar de su corta edad, lo succionaba por los bordes, o a veces se lo tragaba profundo, jugaba con su lengua en la cabeza de mi pene. Notaba que ella gozaba mamándomela como si a una persona hambrienta le das un plato de comida. Así con ese afán se lo tragaba sola.

Le empecé a manosear sus senos, pequeños pero paraditos. Alcancé a rozar la entrepierna en su pantalón y a pesar que era jean estaba bastante húmedo.

Como pudimos nos deshicimos de su pantalón, tratando de no hacer ruido y limitados por el espacio.

Me dio su vagina, se sentó encima mío dándome la espalda cogiéndose con ambas manos en el respaldar delantero, me empezó a chancar primero despacio, luego que el desenfreno se apoderó de ella me comenzó a chancar más fuerte, los sonidos de sus dos nalgas sobre mis muslos parecían aplausos. Traté de disimular el ruido en lo que pude cogiendo sus dos nalgas con mis manos y aprovechando para abrirle más su panocha y a la vez para impulsarla más arriba para que callera más fuerte sobre mi pingota.

Ella torcía la cabeza para atrás como si mi pene llegara hasta su garganta, no era mi pene, era todo el placer que le recorría todo su cuerpo, su respiración se hacía intensa y se entrecortaba por los jadeos que debía evitar hacer, pero no se detenía con nada, esa chiquilla sabía cómo chancar bien y yo le iba a dar durísimo porque se lo merecía. Le apretaba las tetas con ambas manos, pero los aplausos de sus nalgas volvían sobre mis muslos y le pedí que cambiáramos de pose por el ruido que estábamos haciendo.

Ambos teníamos el pantalón en las rodillas y nos sentíamos torpes moviéndonos, pero nos la ingeniamos para ponernos en posición de cucharita, ya saben yo echado detrás de ella y de costadito, cogí sus caderitas y empecé a resbalar cada centímetro de mi pene lentamente sobre su panochita, ella decía “ufff” levemente.

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Era momento de yo darle esta vez, así como ella me chancó riquísimo, yo le demostraría mi poderío en esa pose. Y cogí un ritmo rápido y violento, ella comenzó a jadear, le tapé su boca con mi mano izquierda. Y la empecé a clavar de lado por un buen rato, sus ojos parecía que querían salirse de sus órbitas y por ratos me miraba como pidiendo piedad. No se la concedí, al contrario le imprimía un ritmo más frenético, los sillones del autobús chirriaban, me daba igual no le iba a bajar el ritmo.

 

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Ella me seguía mirando con esa carita de “me estas reventando papi” que lees en la cara de una mujer cuando se va a venir, y ahí sentí su primer orgasmo. Tuve que mantener mi mano sobre su boca para q no expresara nada y levantara a la terramoza que era lo que más me tenía preocupado y quien tal vez más rápido se daría cuenta.

Ahí estaba ella llenando de su jugo a mi pene, lo mantuve presionando al fondo de su conchita, tocando el borde anterior de su vagina y sus contracciones uterinas las podía sentir cada vez más rápidas a la vez que ella se ponía más tensa y luego se relajaba.

Yo aún no me venía así que quería demostrarle otra vez mi talento natural para el sexo, así que le quité todo su pantalón me puse encima de ella para hacerle misionero, ella con sus manos trataba de evitar otro orgasmo inmediato, pero mi pene acalorado y mojado se introdujo sin que ella pudiera evitarlo, al poco rato ella empezó a besar primero en la boca y a jugar con mi lengua, luego succionó mi cuello mientras me abrazaba

Yo le imprimí un ritmo más brutal, me pregunté si la terramoza no nos había notado y que creen, la terramoza estaba con la falda levantada piernas abiertas con las panties abajo y masturbándose por el espectáculo que nos daba.

“Asu” me dije a mi mismo. O sea que ahora tengo a dos mujeres muertas de placer por mí, le empecé a dar más fuerte a mi joven amante ahora ya con un poco de complicidad de quien pensé que sería mi verdugo si nos descubría.

Andrea se esforzaba en apretar la boca bastante para no gemir pero de rato en rato se le escapaba un aire jadeante. Ella no notó lo de la terramoza, así que no se hizo paltas.

Ahora debía probarla patadíta al foco, ya saben la pose donde pongo las piernas de ellas en mi cuello, no sé cómo se dirá en otros países. De pasada que veía a esa terramoza guapita sobarse más el chocho. Rápidamente cogí sus piernas de Andrea y las puse como collar. Le empecé a penetrar así, meneando mi pene de arriba a abajo y empujando de a ratos hacia adelante para que la tenga bien metida en toda su conchita mojadita.

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La ventana del autobús dejada pasar un poco de luz desde afuera y podía ver a Andrea con su cara rojísima a pesar que estaba bronceada. Mi pene entraba y salía con facilidad, casi atropellando su vaginita con mis fuertes movimientos. La terramoza movía más rápido su manito. Ese panorama hizo que me viniera de una forma brutal, todo mi semen salió expulsado como por un chisguete a presión. Andrea lo sintió todito dentro y sus ojos derretidos con su propia mano en su boca me avisaron que se había venido por tercera vez, esta vez junto conmigo.

Nos vestimos así con nuestros cuerpos sudorosos, y nos dormimos muy cansados. A la mañana siguiente, nos dio risa mirarnos, parecíamos dos espantapájaros con todos los pelos alborotados.

Cuando bajé del bus, la terramoza vino con una tabla mientras yo descargaba mi equipaje. Ella era algo morenita, delgada, más bajita que yo y con unos ojos negros muy bien delineados. En esa tabla tenía una hoja donde me pidió los datos. Yo no le di por el miedo de que me fueran a sancionar en la agencia o algo. Así que me negué a dárselos porque noté que a nadie más le estaba pidiendo, sólo a mí, además ellos tenían mi boleto marcado con mis datos porqué es que me volvían a pedir información, yo pensé que eso iba a ser una especie de declaración para mi sanción, así que me fui ignorándola. Un año más tarde, me la volvería a encontrar mientras viajaba, y se llamaba Sandy, resultó que sólo quería anotarme para tenerme entre sus contactos de teléfono personal y la tabla era su excusa para conseguir mi teléfono, ya saben para qué obvio, y para eso habrá otra historia que contar.

Andrea se quedó en la capital para vivir, sola como dijo al inicio y yo muy de vez en cuando iba a buscarla en su casa y aunque vivía en una casa alquilada y no se permitían entrar hombres ahí, siempre nos la ingeniábamos para tener sexo intenso otra vez.