KINESIOLOGAS DE SULLANA

Alicia es una mujer de 45 años, una hermosa mujer de piel clara y de cabello corto y ondeado, le gusta usar collares y aretes, con prendas ceñidas al cuerpo como vestidos, con muchos escotes pues el tamaño de sus pechos se hace notar. De esas gorditas que provocan, con piernas torneadas, caderas grandes y tetas deliciosas, es decir una de las más provocativas kinesiólogas de Sullana.

Se casó a temprana edad y se fue a vivir a esa ciudad norteña con su esposo. Desde aquellos tiempos Alicia usaba ropa ajustada que dejaban ver su hermoso cuerpo, con su cabello ondeado cayendo por sus hombros, escotes y pantalones licrados. Alicia tuvo a su hijo a los 22. Con el pasar de los años su manera de verse y vestirse se volvió más provocativa a tal punto que su hijo la espiaba al bañarse y cambiarse.

 

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Una mañana preparando el desayuno no se percató de su hijo hasta que este paso suavemente su mano por su cintura y le dijo lo hermosa que era y cuánto la amaba. Inesperadamente, su hijo le dio una pasada con la palma muy abierta, de manera lenta, palpando su culo redondo. Ella cerró los ojos, temerosa de que la situación se desbordara. Se zafó y se dirigió al baño para retocarse. Echó el cerrojo, se apoyó en la puerta abriéndose la bata a toda prisa y bajándose la trusa unos centímetros. Se sacudió la concha velozmente con la palma abierta, todo por el tacto de su hijo, por el morbo de haberle levantado la bata y haberle visto la tanga. Se dio tan fuerte que se corrió enseguida, luego se apoyó en el lavabo y se miró al espejo. Se estaba viendo atrapada por la mente retorcida de su propio hijo. Tenía que controlarse, se lo repetía una y otra vez, antes de que el asunto se fuera de las manos.

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Se cortó el cabello, se colocó brackets, usó ropa no muy descarada, no se maquillaba en exceso salvo su lápiz labial, aunque aún le gustaba usar de accesorios sus collares, aretes y pulseras de plata que combinaban con su piel. No quería ser el objeto sexual de su hijo. Se había separado de su esposo hacía un año. Con el pasar del tiempo, su hijo se enamoró de una vecina de la misma edad, ahora de 18 años. Ambos jóvenes se hicieron inseparables y empezó el amor. Jessica era una joven delgada y proporcionada que usaba jeans y tops ajustados oscuros que contrastaban con su tez trigueña y cabello lacio muy largo de color azabache. Alicia no pudo evitar sentir celos, estaba sola desde hace años y el apego con su hijo se distanció un poco tras la llegada de Jessica.

Su hijo era un hombre de cuerpo proporcionado y hombros anchos que le atraía sexualmente, pero esos instintos los reprimía. Sin embargo, no pudo evitar que su subconsciente lo hiciera, teniendo sueños húmedos.

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Alicia se fue de viaje unos días por una reunión de negocios, pero regresó un día antes, cansada, Alicia los encontró haciendo el amor. Jessica llevaba la bata de Alicia: Fue una noche intensa y maravillosa. Le alzó en brazos, y la depositó en el diván. Desnudos los dos, se arrodilló y comenzó a besar y masturbar su pinga. Alicia no pudo dejar de ver, se abrió la falda de su traje de oficinista y se empezó a acariciar su conchita, incluso con las uñas de sus manos estimulándose frenéticamente al ritmo de las caricias que veía entre su hijo y Jessica, tapándose la boca con una mano para no hacer ruidos. “¡Oh! ¡Sí! ¡Come mi concha como si fuera tu madre! –dijo Jessica. El oír eso paralizó a Alicia. Sin embargo eso hizo que fluyeran más jugos de su vagina. Los tres gozaban y gemían de placer. Con su pinga a punto de estallar, Iván levantó a Jessica, se besaron apasionadamente, besaba sus mejillas, su cuello y sus senos. Mordisqueaba los pezones oscuros y puntiagudos, desatando en ella expresiones de dolor y placer. “Mi amor, te deseo con toda mi alma”, “Quiero ser tuya” “Cógeme como si fuera tu madre”. La colocó en 69 lamiendo y chupando los jugos que fluían de su concha. El olor y el sabor agridulce lo embriagaban. Jessica le chupaba la verga, lamiendo el glande descubierto enrojecido por la caricia. La puso de espaldas y abrió sus piernas pudiendo ver el vello ensortijado y húmedo que le cubría la vulva. Abrió con sus dedos los labios mayores invitándole a explorar su vagina. Jugó un rato con el glande sobre el clítoris de Jessica que se retorcía de placer, arqueando sus piernas. “Por favor papito no me hagas sufrir y penétrame de una vez”. “Te deseo con toda mi alma”. Sus expresiones implorando la penetración, no hacían más que excitarlo –y también a Alicia- hasta que no se pudo contener. Su mano llevó el miembro duro y palpitante hasta la entrada de la concha abierta y húmeda por los jugos que emanaban de su interior. Entró de una hasta el fondo. Comenzó con el mete y saca frenético. Jessica se abrazó a su espalda con sus piernas y fue entonces que eyaculó en su interior. Chorros de semen intermitentes inundaron su vagina mezclándose con los jugos de ella.

 

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Alicia recuperó la cordura y se dirigió a su habitación temiendo ser descubierta. Mientras Jessica y su hijo seguían follando. “Papi, mi dios que divino”.” Como te siento y te deseo”. “mmmhh, aaahhh, mmmm”. “Dame toda tu pinga y toda tu leche, así”, “Papito me voy, te quiero con toda mi alma”, “Así, Sí”, “Mucha leche, asi”, “qué divino mi papi, mi dios” –decía Jessica. Aceleró su bombeo y derramó el resto del semen gozando con sus palabras. En un susurro casi desfalleciente le pidió “Quiero un hijo nuestro, mi amor”, “mi vientre es tuyo.” Abrazados y felices tuvieron una nueva cópula al escuchar su pedido para perpetuar el amor que recién habían comenzado a transitar.

Varias veces durante la noche se despertaron y reiniciaron con besos y caricias una nueva sesión de amor y sexo. Jessica tenía una fantástica habilidad para acariciar su miembro y lograr su máxima erección. En la madrugada, desde atrás con Jessica de rodillas sobre el diván, la penetré por la concha admirando las hermosas nalgas que poseía.

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—”¡Qué hermosa cola, Jessica!”

—”¿Te gusta? No es tan grande como la de tu madre.”

—”Fabulosa, mi amor”.

—”Soy tu esclava y te pertenezco. Es tuya. ¡Házmelo como si fuera tu madre!”

Salía desde su vagina el semen depositado durante toda la noche. Cargó su verga con el líquido viscoso y lubricó el ano para favorecer la penetración. Jessica separó las nalgas con sus manos y procuró meterle la verga. En un principio le pareció imposible debido a la estrechez. Gemía por la presión hasta que pudo atravesar el esfínter. En ese momento gritó y se puso a llorar. No se detuvo y le introdujo la verga hasta los testículos. Entraba y salía, no me podía detener hasta que eyaculó. Estela seguía llorando. Al retirarse de su recto, la abrazó y mirándola a sus ojos le pidió perdón por el dolor que le había causado. “Te amo Iván nunca lo había hecho y fue mi ofrenda mayor, pero si te gusta lo haré cuando me lo pidas”. “Lloro de felicidad, mi amor”.

Se bañaron juntos, se vistieron y luego de besarse y parar el video que se habían sacado que harían perdurable el recuerdo de esa noche inolvidable, retornando a la casa de Jessica.

Al franquear la puerta Alicia los recibió con una sonrisa. Se masturbó con el sonido de ellos recuperando su libido reprimido, poniéndola de buen humor.

—”Los estaba esperando, chicos. ¿La pasaron bomba?”, preguntó Alicia.

—”¡Mamá, por favor! ¿Cómo preguntas eso?”.

 

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Los rostros ojerosos delataban la noche vivida y no podían mentir. Ambos chicos se percataron de la mancha de humedad en la falda de la señora y se dieron cuenta que los había espiado y eso la había excitado.

—Fue maravillosa aunque prácticamente estamos sin dormir –dijo Iván.

—”Fue una noche bomba, bomba”, dijo Jessica -le graficó con una sonrisa.

Los tres estaban muy abiertos de mente.

—”Chicos tomen el desayuno y luego acuéstense a dormir. Les preparé el dormitorio grande, pues me imagino que lo necesitarían”. –dijo Alicia.

—¿Nos quiere acompañar, señora? –dijo Jessica

Iván besó a su madre  y luego de un suculento desayuno todos se fueron a acostar.

Jessica se colocó en una silla e Iván y Alicia se metieron a la cama matrimonial. A Alicia le excitaban los besos en su cuello. Iván desnudó lentamente a su madre oliendo su cuerpo a medida que quitaba las prendas, pudo ver las tetas grandes y de pezones rosados de su madre, oler su cuerpo. Pero la máxima gloria fue oler el embriagante el olor de su sexo.

— Sé lo que sientes, y aunque al principio me chocó debo reconocer que me excita un montón y quiero que me eches el mejor polvo de tu vida. –dijo Alicia a su hijo. Mientras Jessica se sobaba el chocho viendo la escena.

Se subió a horcajadas sobre él y tomando su pene se lo introdujo lentamente en la vagina, húmeda y estrecha.

—-¡AAAhhhh! Gimieron los dos mientras sus ojos se clavaban en las pupilas del otro.

—¡Oh, mamá! ¡Qué gusto!

—¡Cállate hijo y tirame! –Empezó a moverse poco a poco y en un instante estaba cabalgando sobre él  como una fiera, la sensación era indescriptible.

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Jessica interrumpió:

—Señora, diga cómo se siente.

—Es una sensación indescriptible. ¡Soy feliz!… Cuando estoy siendo penetrada y amada por mi hijo me siento tan feliz como cuando él estaba en mi útero y éramos solo uno –dijo Alicia. Aquellas palabras excitaron aún más a los tres. Iván se hubiera corrido, pero se había casi vaciado durante la noche anterior.

En pocos minutos Alicia estaba a punto de correrse. Cambiaron de posición colocando una pierna sobre el hombro de su hijo y la otra bien abierta iniciando nuevamente el meten y saca. Alicia procedió a describir:

—El enorme pene de mi hijo se hunde suave y profundamente dentro de mi vagina y golpea fuertemente contra mi útero… He perdido la cuenta de la cantidad de orgasmos.

Su hijo tampoco aguantaba más y así se lo dijo a su madre, quien respondió:

—¡Oh, sí!, ¡córrete, hijo, hazlo dentro de mi concha! ¡Ooohh…! ¡Qué gusto! Yo también estoy por correrme.

—¡Aaahhh! – Gritó su hijo cuando lanzó uno tras otro los chorros de semen que golpeaban contra las paredes de la vagina que lo vio nacer. Ambos cayeron agotados entre arrumacos y besos. Le confesó todo el amor que sentía y ella le dijo que le amaba. ¡Te amooo! ¡Eres lo que más amo en todo el mundo! ¡Me corro!

Jessica se acercó a Alicia y empezó a recoger con su lengua el semen que había caído del chocho de Alicia y con un beso se lo pasó a su boca. El sabor era muy agradable. Alicia nunca había probado el semen y ese sabía delicioso.

Ambas mujeres se morreaban y tocaban. Era la primera experiencia lésbica de ambas y no se hubieran imaginado hacerlo. Pero la situación era tan mórbida que todo el pudor había quedado atrás.

Luego, los tres se acogieron entre sus sábanas y desnudos se durmieron abrazados, no sin antes besarse y al oído escuchar las palabras de Jessica que le aseguró que sentía que la había embarazado luego de esa noche inolvidable de sexo, lujuria y amor. Agregando que quería sentirse penetrada por su hijo nuevamente más adelante. Inmediatamente Alicia le propuso mudarse a la casa y que los tres convivan explorando el placer de sus cuerpos y entregar sus almas en ese placer nuevo e indescriptible.

Unos meses después Jessica dio a luz a su hijo. Se dio cuenta lo que era dar la vida por otro ser y acordaron entre los tres que cuando ese niño tuviera la edad suficiente le contarían todo y sería completamente de su madre.

Desde entonces tanto Alicia como Jessica disfrutan plenamente del sexo y muchas veces coincidieron en una misma cama con otros hombres, total son dos de las más fogosas kinesiólogas de Sullana.