KINESIOLOGAS DEL CALLAO

Soy Sandra una belleza de mujer, de 28 añitos y quizá en la actualidad una de las más deseadas kinesiólogas del Callao. Justamente recordaba al conversar con una colega de profesión mis anécdotas en mi colegio en donde considero que empezó todo. Por el año 1998 yo cursaba el último año de la secundaria y eran muy comunes en los barrios del Callao las fiestas con luces psicodélicas, que era una manera que los dueños de casas viejas y grandes se conseguían un ingreso extra, sobre todo los fines de semana y dejaban entrar a todos, previo pago de su entrada claro está, aunque la verdadera ganancia estaba en la venta de cervezas, gaseosas y comida rápida, llámese panchos, hamburguesas, entre otras comidas chatarras.

 

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Bueno ese sábado por la noche, había terminado mis tareas del colegio y los encargos que me había dejado mi mama, le pedí permiso y no me hizo problema, había quedado con mi enamorado en encontrarnos en una fiesta de un barrio a 5 cuadras de mi casa, era un sitio feo, pero no me importaba lo que quería era ver a mi enamorado que era dos años mayor que yo, me puse mi mini falda blanca que resaltaba con la luz negra o fosforescente que habían en esas fiestas, un polo ceñido a mi monumental cuerpo, me peine mi cabello lacio y quede lista, con lo chaparrita y trigueña que era mis amigas me envidiaban por mis senos y mi cola de infarto, así que me fui a la fiesta lo más despampanante posible para que me vieran envidiosas toda la noche.

 

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Al acercarme a la casa podía ver que era una casa antigua, en el segundo piso podían verse por las ventanas las luces intermitentes de colores, al llegar subí las escaleras de madera que crujían de lo viejas que estaban, subí rápido pues abajo siempre había viejos que se quedaban a ver las chicas como yo cuando subían con minifalda para ganarse y gritar groserías, no tuve que pagar nada pues normalmente las chicas no pagaban solo los hombres.

Me puse a buscar a Luis, que así se llamaba mi enamorado, de repente lo vi en una esquina tomando con dos viejos, digo viejos pues debían tener como 40 años, me paso la voz y me acerque, estaban tomando cervezas, me saludo y me presento a los viejos que eran un gordo pelirrojo y un moreno robusto y alto, me ofrecieron cerveza y la verdad no acepte pues no me gusta.

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—si quieres te pido ron con coca cola suave —me dijo el gordo pelirrojo que me miraba de arriba a abajo.

Le asentí con la cabeza, se fue y regreso a los segundos.

—lo están preparando el cuba libre.

Estaban conversando de futbol, mientras seguían tomando, me di cuenta que Luis estaba mareado, al poco rato llego una mujer trayendo mi trago, era como de 50 años, bien pintarrajeada, nos dijo que era la dueña de la casa, aunque a mí más me parecía una puta vieja, me alcanzo el vaso con mi trago.

—este cuba libre suave es para la niñita.

Bebí lentamente mi vaso pero no con entusiasmo y no por que estuviera fuerte pues en realidad era todo lo contrario, además que lo habían bajado colocándole mucho pero mucho hielo picado. Es que yo no podía emborracharme, ya que de hacerlo mi mama me mataba, la vieja se fue, continuamos charlando amenamente, no pude acabarme todo el trago, pues sentía que mi cerebro estaba a punto de reventar. Luis se dio cuenta y entonces me alcanzo una banca donde sentarme.

—siempre has sido cabeza de pollo descansa.

Eso fue lo último que recuerdo pues me quede dormida.

Cuando desperté no veía nada pues estaba en un cuarto oscuro, había unas rendijas por el techo donde entraba algo de luz, de hecho, estaba en la casa de la fiesta, pues podía escuchar la música a lo lejos, mis ojos se fueron acomodando a la oscuridad y me di cuenta que debía estar en un deposito pues veía en un rincón cajas de madera viejas y latas de pintura. Sentía mi cuerpo boca arriba sobre un colchón, lo terrible fue cuando me quise levantar, mi cuerpo no me obedecía, no podía levantarme, no tenía fuerzas, mis brazos y piernas apenas se movían al realizar un gran esfuerzo, quise gritar y de mi boca solo salían unos débiles quejidos que no podrían ser escuchados por el volumen de la música, no podía moverme, no podía gritar, en eso una puerta se abrió y dejo entrar luz y a una persona.

Pude ver claramente por su silueta que era el gordo pelirrojo, el cual inmediatamente cerro otra vez la puerta tratando de no hacer ruido, no sé si él se daba cuenta que yo estaba despierta, pero lo escuche murmurar.

—puta que rico cuerpito tiene la chibola, me lo voy a comer todito.

Y rápidamente comenzó a quitarse la ropa, mi cuerpo extrañamente se estremecía al ver como se desnudaba y dejaba ver una panza mucho más prominente, es se agacho y se dio cuenta que estaba con los ojos abiertos.

—no te preocupes pequeña yo soy muy delicado con las niñas.

 

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Y diciendo esto sentí sus manos ásperas y el roce en mi piel de sus brazos que debían ser peludos, separando mis piernas, sentí algo duro y caliente que tocaba mis muslos, yo sabía que era yo, sabía lo que se venía, no podía gritar ni moverme por mi cuenta, pero en ese momento lo que más me asusto fue el darme cuenta que mi cuerpo comenzaba a estremecerse como cuando estaba excitada, y no solo eso sino que sentía como mi conchita comenzaba a humedecerme, era de locos, al ver este hombre en la fiesta solo me había producido repulsión, sino asco en parte por su edad, pero sobre todo por lo gordo que era, era la última persona en el mundo con la cual me hubiera estar, y ahora mi cuerpo temblando como deseando ser penetrada por este grasiento, entonces me di cuenta de todo.

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El trago que me habían dado debía haberme drogado lo que me impedía moverme y además algo más le habrían agregado para que me excitara sexualmente, alguna vez había escuchado hablar sobre sustancias que les daban a las vacas para que estuvieran dispuestas, y que también le daban a escondidas a mujeres.

Estaba en esos horribles pensamientos, cuando lo sentí era una maza de carne caliente que entraba en mí, todo mi cuerpo se estremeció, lo voy a decir sino mentiría, se estremeció de placer, no quería, pero no podía evitarlo como mi conchita se empapaba como invitándolo a seguir metiéndolo, yo lo había hecho dos veces con mi enamorado, pero eso no había sido nada, comparado con la verga que estaba entrando en mi poco a poco.

No no no nooooo… era solo un quejido que salía de mis labios, pero la verdad no era de protesta, tuve que morderme los labios para que mis pensamientos no salieran por mi boca, mi alma quería gritar “no no no nooo la saques. gordo de mierda y métemela toda toda toda ya ya ya yaaaaa”. Sentí como toda esa carne entro en mí y comenzó a salir y entrar, era la locura.

—que ri ri ri ca ca conchita, puta madre, que rico me la muerde de de des putita ah ah ah ah ah.

 

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Él seguía con el mete y saca y yo me volvía loca del placer que erizaba todos mis poros, si bien no podía moverme, mi conchita me mostro algo que nunca me había sucedido que se contraía una y otra vez cuando estaba contenta de tener una vergaza dentro de ella. En eso sentí como todo su cuerpo se acostaba encima mío, tenía dificultad para respirar, pero no me interesaba pues el contacto y roce de todos sus pelos, sobre todo encima de mis pezones me volvía loca, sentí su aliento con olor a cerveza, me besaba, la verdad es que ya en ese momento no me interesaba nada y con la poca fuerza que tenía movía mi lengua dentro de su asquerosa boca, el bufaba como un chancho, lo único que le faltaba era su colita de tirabuzón para ser todo un cerdo feliz.

—uf uf uf uf puta que que rica boquita y lengüita que tienes bebe, uf uf uf uf uf…

Mi boca no podía emitir palabras completas pero mi pensamiento “si vamos chancho de mierda más mas mas, llename llename de una vez quiero sentirte hasta el fondooooo”.

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En eso sentí que me venía tenía un orgasmo violento veía luces en la oscuridad, sentí que todo su cuerpo se ponía rígido y me abrazaba, por fiiiiiiin…. y me vine a la vez que sentía un chorro de líquido caliente dentro de mí y como la maza de carne caliente se contraía dentro de mi como tratando de escupir hasta la última gota, me desmayé.

Desde aquella situación me volvi mas puta, cada vez me gustaba mas hacerlo con distintas personas, no importaba la edad, el físico ni nada, solo quería sentir como me penetraban y me dejaban satisfecha, llena de placer e inundada en semen mi conchita. Poco a poco por la misma necesidad empece a cobrar por mis servicios sexuales y para mi asombro me pagaban lo que les pedia.

Luego de varios años en el oficio una amiga y colega de profesión me dio algunos consejos para sacarle el jugo a las noches de sexo. Entonces comencé a frecuentar otras calles y hasta comencé a entregar adicionales previo pago extra como por ejemplo que me lo metan por el culo. Cuando me inicie en esto recuerdo que lo entregaba sin ningún problema y mucho menos sin cobrar un sol de más.

Hoy en día además de ser una de las kinesiólogas del Callao más buscada por los parroquianos arrechos lo que me llena de satisfacción es que mis clientitos se retiran realmente contentos por el trato que reciben de mi parte. Y es que yo soy así, súper cariñosa y complaciente. Para mí no hay un “no” como respuesta y todo es posible en esta vida. Así pues llegue a ser la reina de las putas de mi barrio querido, de mi barrio chalaco.