KINESIOLOGAS PIURA

Vivía en la comodidad de una zona residencial en el centro de la ciudad. Sus inicios como prostituta callejera ahora estaban en el olvido ya que Emilia es desde hace ya unos buenos años la más rankeada de las kinesiólogas Piura y solo ofrece sus servicios sexuales en exclusivas agencias de putas para exigentes y solventes caballeros nacionales y extranjeros.

Por estos días empezaba la temporada de más frio en la ciudad y ya se sentía por las noches y muy temprano por las mañanas. Como era su rutina, Emilia iba al gimnasio de su condominio pero ese día tuvo la necesidad de asistir más temprano, saliendo  con una llamativa licra que resaltaba su bien formado trasero, un top blanco y encima una polera para combatir el frío. Llevaba además una toallita de mano y una botella con refrescante agua.

¿Esta kinesióloga Emilia es una putita obediente?

Era debido a un “compromiso laboral” que aquella mañana Emilia salió más temprano que de costumbre. Entonces se dirigió trotando al gimnasio de su edificio pero al subir se dio con la sorpresa de que estaba cerrado. El letrero colgado en la puerta indicaba que abría a las 7 de la mañana y eran aproximadamente las 6:30 am. Entonces decidió ir a la garita de seguridad de todo el complejo habitacional donde los vigilantes deberían tener las llaves.

– Hola chicos -saludó coqueta Emilia.

-Señorita buenos días-respondieron los tres vigilantes de la garita.

-Chicos deseo entrar al gym pero está cerrado y bueno quería saber si alguno de ustedes me lo puede abrir-dijo coqueta  Emilia a los muchachos de seguridad. Y es que algo que caracterizaba a esta kinesióloga era precisamente lo directa que era, además de muy coqueta era muy obediente con lo que sus ocasionales parejas querían de ella.

Oscar el más lanzado y quien tenía las llaves respondió:

– Señorita yo se lo puedo abrir, aquí tengo la llave precisa.

Emilia rio con malicia a este Oscar quien siempre le enviaba indirectas.

-Está bien Oscar vamos-respondió la avezada puta haciéndole un gesto con el dedo para que se acercara.

El chico se acercó y caminó delante de ella quien volteó para despedirse de los otros vigilantes con un beso volado.

Cuando llegaron al bloque donde estaba el gym, Oscar le cedió el paso a Emilia así que ella subió primero, pero notaba como este le iba tomando fotos a su gran culo, así que a propósito dejo caer su toalla al suelo y se agachó para recogerla, dándole al curioso una vista privilegiada para su sesión fotográfica.

Cuando finalmente llegaron Oscar pudo abrir la puerta y encender las luces del ambiente:

– Ya está señorita, hay algo más que le pueda abrir?

-Por ahora no Oscar, te lo agradezco mucho -dijo Emilia sonriendo.

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Entonces inició su entrenamiento, estuvo ejercitándose cerca de una hora hasta que se sintió muy agotada, miró su reloj y tenía el tiempo de sobra, así que decidió tomar una ducha rápida en el baño del gimnasio.

Los baños del gimnasio eran relativamente grandes, había uno para hombres y otro para mujeres. El de mujeres era el único que estaba abierto ya que al parecer Oscar olvido abrir el de hombres. Emilia entro al baño y se quitó la ropa la cual dejo tirada por ahí. Se metió a la ducha con agua tibia. Se dio un duchazo rápido y salió, cuando lo hizo recordó que había dejado su toalla de mano afuera en el gimnasio, sobre una de las bancas, se acercó a la puerta del baño y dijo:

– Hola!?

Pero nadie respondió, espero unos segundos y nada, así que decidió salir totalmente desnuda llevando su ropa en la mano. Salió y efectivamente no había nadie, cogió su pequeña toalla y empezó a secarse el cuerpo. Su ropa interior estaba un poco húmeda así que no se la puso, solo se puso el top y la licra, la cual se le amoldaba perfectamente al cuerpo, Tania se miró al espejo de costado sacando un poco de cola, la licra se le metía al culo y a la vagina dejando ver su conchita abultada y riquísima.

Entonces alguien tocó la puerta, Emilia volteó asustada.

– Ay Oscar! Me has asustado-dijo la escort un poco avergonzada.

– Disculpe señorita, solo vine a ver si necesitaba ayuda con algo, pensé que estaba en problemas. -respondió Oscar.

– No entiendo, por qué estaría en problemas?

El afanoso guachiman no le quitaba los ojos de encima, sobre todo de la cintura para abajo, pero por un momento lo hizo para mirar un poco por encima de Emilia, ella también volteó y descubrió que ahí había una cámara de seguridad. Oscar lo había visto todo.

Ahora sí bastante avergonzada, Emilia le dijo:

– Oscar lo siento, tuve que salir así porque había dejado aquí mi toalla pero ya está todo solucionado, gracias.

– No se preocupe señorita, a mí no me molesta, al contrario, es un verdadero placer poder ver a una mujer tan hermosa al natural-respondió Oscar está vez con un tono diferente.

– Bueno se me está haciendo tarde, me tengo que ir. Y muchas gracias por tu ayuda. -dijo Emilia mientras salía del gimnasio y entraba en el baño para recoger sus zapatillas.

La puerta vaivén del baño se cerró tras ella, se acercó a sus medias y las recogió, luego se acercó a sus zapatillas y se agachó para recogerlas, entonces escuchó como la puerta del baño se volvía a abrir, ella volteó aterrada y ahí estaba Oscar parado, justo en la entrada.

Ella lo miró, cogió sus cosas y se levantó lentamente.

– Oscar que haces -dijo Emilia algo asustada.

– Sabes? Siempre quise estar con una puta tan hermosa como tú.

Emilia lo miró y avanzó hacia la puerta, trató de pasar junto a él pero no se movió y choco contra su cuerpo. Oscar la sujetó del brazo y avanzó con ella empujándola hacia el fondo del baño.

– Que hermosa eres, que delicada piel, que buen cuerpo-decía Oscar mientras recorría cada parte de la kinesióloga con sus manos.

Emilia retrocedía a medida que el la presionaba

– Oscar por favor, ahorita no estoy para bromas, me tengo que ir. -dijo ella mientras trataba de escabullirse.

Pero el muchacho no la dejaba pasar y la iba metiendo más al fondo del baño.

– No te asustes, no estoy bromeando, desde que te vi estás en mi cabeza, no puedo dejar de mirarte, eres deliciosa- decía Oscar.

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Entonces ella nuevamente trató de escabullirse pero resbalo y cayó boca abajo, Oscar se tiró encima de ella para inmovilizarla, sacó de su bolsillo unos cintillos y con eso amarró las manos de la puta. Emilia pedía que la suelte pero el guachiman estaba fuera de sí, cogió las medias de la asustada prostituta y las mojó un poco, se las metió a la boca para que no hiciera bulla.

– Ahora tú solo relájate. -dijo Oscar.

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Le fue bajando poco a poco la licra hasta quitársela, ahí tenía el culito levantado de Emilia a disposición y se volvió loco: lo lamia, lo besaba, lo mordía, lo cogía, lo abría, le hacía de todo. Entonces cogió su macana de vigilante y se la puso en el ano de la kinesióloga, ella no se dejaba, Oscar se levantó y se acercó a los lavatorios, cogió el jabón líquido que había ahí y lo aplico en el culo de Emilia y en su macana, y entonces la macana entro casi al instante. La adolorida puta trato de gritar pero sus medias no se lo permitían.

Oscar gozaba viendo como la macana entraba y salía del culo de Emilia y de sus gemidos de dolor. Después de jugar un poco con la macana decidió que era su turno y se desvistió, la puta aprovecho esto para poder darse vuelta, el culo le dolía y le ardía mucho. Cuando Oscar terminó de desnudarse se abalanzó sobre ella besándola en el cuello y los pechos. Ella trataba de zafarse pero apenas podía moverse.

– Siempre quise hacer esto, que rica que estás, te voy a dar mi leche mi amor – decía el “guachi” mientras la seguía besando.

Entonces se acomodó e hizo entrar su pinga en la vagina de Emilia, entró despacito, estaba bastante húmeda, fue poco a poco hasta llegar al fondo, entró completamente, la kine empezaba a gemir a medida que su violador se iba moviendo cada vez más rápido. Oscar le quitó las medias de la boca y ella ya no gritaba para pedir ayuda, gritaba de placer.

– Más, más. -Pedía Emilia.

-Quieres más perrita?

– Si por favor, más fuerte, hasta el fondo- repetía Emilia con voz de prostituta excitada.

Oscar siguió, le daba fuerte. La puta empezaba a contorsionarse de placer.

– Quiero ir encima –me pidió Emilia.

Rápidamente Oscar se fue al suelo y ella se acomodó encima suyo y nuevamente le entró la pinga del muchacho causándole mucha excitación, tanto que ella empezó a mover el culo de forma rápida y salvaje, gemía mucho, iba más rápido, estaba agarrada del soporte del baño, hasta que se vino, gimió y beso a Oscar mientras se vaciaba totalmente.

– No pares putita, ya me falta poco – dijo Oscar muy excitado.

Emilia empezó a mover nuevamente el culo, de arriba hacia abajo, lo mueve muy bien, lo hace muy rico. Entonces Oscar la cogió de las nalgas para ayudar con el movimiento, fue yendo cada vez más rápido y entonces ella sintió como toda la concha se le llenaba de leche caliente.

El guachimán se levantó y fue al lavatorio a lavarse, se puso su uniforme, limpio su macana en la ropa de ella y se acercó donde estaba. Cortó el cintillo que la tenía atada de manos.

– Anda a lavarte – le dijo el chico mientras se iba.

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Emilia entró en la ducha y se empezó a bañar, se limpió la leche de la concha y el jabón líquido que le había quedado en el culo. Entonces sintió que alguien entraba, pensó que era Oscar que regresaba así que siguió lavándose y cuando terminó cerró la llave del agua y abrió la cortina. Emilia tuvo un sobresalto, frente a ella estaba Julio, otro de los vigilantes, el mayor de todos, era bajito y gordo, no tenía pelo en la cabeza pero si en el pecho y ya era blanco, y también era uno de los que miraba a Emilia con ojos de deseo.

– Señorita, Oscar me dijo que podía venir porque tendría algo para mí -dijo Julio.

Emilia se tapaba con la cortina mientras lo escuchaba.

– Y supuestamente que es lo que tengo para ti? -pregunto ella.

– Bueno, en realidad me he tomado la pastilla del viagra que me envió y ahorita estoy listo para lo que usted me quiera dar.

– Que yo te envié? -preguntó Emilia extrañada.

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Entonces Julio se bajó los pantalones y la kinesióloga pudo ver su pinga súper dura, no muy larga pero si era considerablemente gruesa y curvada hacia arriba. Julio se siguió desvistiendo hasta quedar completamente desnudo, Emilia se descubrió y el empezó a masturbarse lentamente. Ella salió de la ducha, aún mojada porque no tenía ahí su toalla y se acercó a Julio quien la miraba de pies a cabeza. Emilia lo cogió entonces de la pinga y suavemente lo empujó hacia uno de los baños donde lo sentó, ella se arrodilló frente a él y lo empezó a masturbar, entonces se lo metió a la boca, primero la cabeza, la chupaba, la lamía y la escupía; luego se la metía toda, le gustaba que fuera gruesa, la saboreaba bien y es que como toda kinesióloga Piura era una experta en el oral peladito y apretadito.

– Hace mucho tiempo que no estoy dentro de una mujer -dijo Julio jadeando.

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Emilia, aún con toda su pieza dentro de la boca alzó sus ojos y lo miró fijamente, entonces se paró se sentó encima suyo pero mirando hacia él con un brazo lo abrazó acercándolo a su pecho, Julio pudo sentir los senos de ella en su rostro; con la otra mano cogió el pene de Julio y lo metió lentamente dentro suyo mientras se agachaba, la cara de placer del guachimán era indescriptible, la puta subía y bajaba lentamente, luego más rápido. El la tenía cogida del culo, la sentía, la masajeaba y de rato en rato le daba una chupada a las tetas de Emilia. Luego de un rato, ella se volteó, igual se metió el pene de Julio a la concha pero esta vez dándole la espalda, siguió por un buen rato asi.

– Quiero que te tomes mi leche –le pidió el muchacho evidentemente excitado y cerca de llegar.

– Me la tomo toda -dijo Emilia con voz de zorra.

Esa mañana después de Julio siguió Edmundo el tercer guachimán que quedaba en la garita de seguridad. A los tres les dio el mejor sexo de sus vidas y lo mejor de todo es que a Emilia le agrado. Por su parte ellos lo supieron agradecer luego con favores especiales para la más complaciente de las kinesiólogas Piura.