KINESIOLOGAS TRUJILLO

Era pleno verano en la ciudad de la primavera y el calor era insoportable. Desde hace muchos años vivo en el último piso de un condominio de clase media. Todos los vecinos somos muy unidos y amigueros ya que la mayoría nos mudamos al mismo tiempo a ese edificio. Pero hace unas semanas atrás que me tocó vivir una experiencia maravillosa dentro de mi torre con la más calentona de las kinesiólogas Trujillo.

¿Cómo ofrece sus servicios una bella y hermosa kinesióloga de Trujillo?

Hoy en día no es raro encontrarse en los diarios que circulan por la ciudad sus anuncios, en las páginas web de las agencias que las manejan también, incluso uno puede estar caminando por el centro de Trujillo y recibe un afiche en donde aparece radiante una bella y hermosa kinesióloga ofreciendo y detallando todo lo referente a su tan solicitado servicio sexual. Una mañana que estaba en el trabajo haciendo una pausa tomando mi café me puse a revisar una web de ocio en internet y de pronto una página emergente se abrió y en ella había varias putas ofertándose. Podía notar una variedad de chicas entre jovencitas y maduritas que te prometían satisfacer todas tus necesidades en la cama. Grande fue mi sorpresa cuando dentro de esas imágenes identifique a una persona conocida mía.

Entre los vecinos que viven en mi edificio está “Luciana”, una mujer de unos 38 años (mi edad) aproximadamente, bajita de piel trigueña, cabello castaño lacio largo. Sus pechos eran grandes y bien formados y su trasero seguía siendo apetecible por lo grande y duro que se veían.

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No sabía mucho de ella pues se había mudado recientemente hace un año y compartía el departamento del primer piso con una chica de unos 20 años que suponíamos era familiar suyo. Yo y los demás vecinos fuimos siempre muy amables con ambas desde que llegaron y las acoplamos al grupo rápidamente, pero eran muy poco de relacionarse, paraban metidas en su pieza o salían constantemente a toda hora. Siempre que me cruzaba con Luciana nos saludábamos con cordialidad, pero nada más. Saludos cálidos pero distantes.

¿Las kinesiólogas Trujillo son todas mayores de 18 años?

Por mi propia experiencia de esa mañana en donde vi los anuncios de estas chicas publicitándose, brindando información de mucha utilidad para los parroquianos como su edad, sus medidas, sus tarifas, sus poses, entre otros datos precisos, pude identificar solo jovencitas de 18 años en adelante. Muchas de ellas incluso superaban los 30 años llevando por ello el rotulo de “maduritas”. Una de esas maduritas era precisamente Luciana mi vecina. Totalmente caliente por las fotos y el video que había colgado mi vecinita en su publicación decidí un día de estos insinuarme a ver si me daba una probadita de lo que tan bien sabe hacer.

Esa noche llegue muy exhausto del trabajo, el día había sido excesivamente caluroso y eso me había agotado más que de costumbre. Llegué a casa fastidiado por el calor, con un humor de perros y la ropa pegada al cuerpo por lo sudado que andaba.

Me di una duchazo, me puse un pantalón de buzo sin ropa interior y un polo fresco de algodón. Bajé a comprar unas cervezas. Mi plan era descansar viendo televisión toda la noche y refrescarme con las chelas.

Al volver de la bodega con dos “six packs” en la mano veo a Luciana sentada en la entrada del condominio fumando un cigarrillo misma puta. Llevaba el pelo recogido, un vestido floreado de una sola pieza y unos zapatos abiertos que resaltaban sus bien cuidados pies.

-Hola Roberto – me saludó como siempre – ¿cómo estás?

-Bien Luciana, cansado por el trabajo. Ha sido un día largo ¿y tú? ¿qué tal tu día?

-Igual – respondió encogiendo los hombros y dándole una pitada al cigarro – como todos los días, con mucho trajín.

-Claro, me imagino – le dije con sonrisa coqueta – ¿te provoca tomar una cerveza?

Me miró sorprendida. En todos estos meses no habíamos hablado tanto en cada encuentro.

Luciana sonrió, se puso de pie sacudiéndose la falda.

-Esta bien – respondió – pero yo llevo algo para picar. Ya subo a tu depa.

Subí para ordenar un poco mi sala y al rato llego Luciana que traía en la mano un tazón con mucho piqueo y en la otra una salsa picante.

-Es lo único que encontré – dijo sonriendo – y la salsa es para que nos baje el alcohol.

Reímos y le pedí que se sentara en el mueble de la sala.

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Le serví cerveza en un vaso mientras puse los bocaditos en la mesa. Y empezamos la conversación divertida.

El calor había bajado un poco pero aún se sentía el bochorno. Las cervezas nos estaban refrescando y desinhibiendo al mismo tiempo. Cada instante que pasaba la veía más sexi y apetecible. Su escote, sus labios carnosos, la sonrisa transparente. No podía evitarlo pero me estaba excitando cada vez más. Me era difícil contener mi erección.

– Préstame tu baño – me dijo interrumpiendo mis emociones.

– Pasa – contesté, pude observar sus lindas piernas mientras caminaba hacia los servicios.

Me quede viendo la nada, pensando en el cuerpazo que tiene mi vecina e imaginando como su boca chuparía mi pene.

– ¿En qué piensas? – me dijo al salir del baño.

– En nada – no pude evitar ponerme nervioso y entonces tome un buen sorbo de chela.

Ella me sonrió coqueta, se sentó frente a mí, cruzó lentamente las piernas acomodando la falda de su vestido, tomó una de las botellas de cerveza y le dio un gran sorbo mientras me observaba.

Una gota de agua de su cabello cayó en su pecho, resbalando entre su precioso escote.

– ¿Qué miras travieso? – me dijo con una sonrisa de sorpresa.

– El paraíso Lucianita, el paraíso. De verdad que son hermosas – le respondí totalmente embriagado de la excitación.

Mi vecina se rio divertida y luego soltó un suspiro.

– ¿Qué pasa? – le pregunté ansioso, pensando en que estaría molesta con lo que le dije.

– Nada Roberto, es que hace mucho que no hacia esto, me siento tan vacía, tan sola a veces – respondió apenada.

– Pero Lucianita, tu eres una mujer guapa y tienes un cuerpo de diosa.

No me dejó terminar y sus ojos brillosos se clavaron en los míos.

– ¿Tú crees? – dijo poniéndose de pie.

Pude observar que sus pezones se traslucían en la tela del vestido y su respiración se había agitado un poco.

Me levanté y me detuve a unos pasos de donde estaba ella. Mi pene había formado una enorme carpa y no me molesté en ocultarla.

– ¡Por supuesto que si! – le dije – mira como me tienes – la tomé de la mano y la giré haciendo que su falda se levantara unos centímetros y la jalé hacia mí, apoyando mi pene en su enorme trasero.

– No sabes lo excitado que me tienes desde hace unos días – le dije suavemente en el oído mientras lo mordisqueaba.

Luciana lanzó un gemido y sentí como su cuerpo se relajó. Mi mano izquierda le rodeaba su vientre mientras la otra le empezó a acariciar sus enormes tetas.

– No sabes la cantidad de pajazos que me he hecho en tu nombre estos días – le dije.

– ¿Muchos? – gimió – ¿has botado mucha leche pensando en mí?

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La giré y la besé salvajemente. Luciana dio un pequeño salto y puso sus piernas alrededor de mi cintura. La tomé por el culo. Me mordió el labio con fiereza y sentí como mi sangre se mezclaba con nuestra saliva. Sus manos se prensaron de mi cabeza y yo pellizcaba sus nalgas a placer.

La puse en el suelo y me bajé el pantalón del buzo. Mi pinga estaba totalmente dura, gruesa, venosa y esperando los labios de mi vecina.

– ¡Que rica pinga que tienes! es la más gruesa que he visto. Y eso que he visto muchas eh?

– Chúpala como sabes hacerlo – le dije suplicante. Luciana se arrodillo delante de mí y empezó a lamerme las bolas.

Tuve que cogerme fuerte de una de las paredes. La mamada que me estaba haciendo era increíble. Se metía las bolas en la boca mientras una de sus manos acariciaba mis piernas y la otra apretaba mis nalgas. Mis huevos estaban llenos de su saliva. Su lengua recorrió todo el tronco de mi gordo pene, luego llegó al glande y le dio un besito. La punta de su lengua jugó con el agujero de mi pene. Abrió la boca y sólo se metió la cabeza en ella. Succionaba y me acariciaba al mismo tiempo.

La tomé del cabello y con firmeza la puse de pie.

– ¡Detente que me voy a venir! – le dije, mientras sentía como mi pinga daba pulsadas muy fuertes. Unos segundos más y me hubiera vaciado en su boca.

– ¡Cachame! – su voz era una mezcla de lujuria, desesperación y ruego.

Ese pedido fue como una orden para mí. Le di la vuelta violentamente y la deje apoyándose en la mesa, levanté su vestido enrollándolo en su cintura y bajé con brusquedad su trusa. Su hermoso culo estaba frente a mí. Lo acaricié con la yema de los dedos. Podía ver como su piel se erizaba. Lamí sus nalgas saboreando su piel. Con ambas manos las abrí y pasé mi lengua por su ano.

– ¡Sigue sigue no te detengas! – dijo con voz temblorosa – ¡que rica lengua!

Cuando consideré que estaba lo suficientemente dilatado, puse la punta de mi pene en la entrada de su culito y presioné lentamente.

Luciana gimió de placer cuando sintió como la penetraba. Lentamente empecé a introducir mi miembro en su estrecho ano. La tenía de las caderas, sus talones golpeaban mis nalgas, sus suspiros se mezclaban con mis gemidos. Quería reventarla, metérsela hasta el fondo con salvajismo. Pero trataba de controlarme, quería disfrutar cada centímetro de ella.

Cuando mis bolas chocaron con su carne le mordí su cuello. Pude sentir entonces las contracciones de su primer orgasmo mientras gemía escandalosamente. Su ano empezó a pulsar con fuerza. Perdí el control y empecé a clavarla desesperadamente sabiendo que me iba e venir en poco tiempo.

– ¡Me vengo! – le dije al oído.

– ¡Lléname de leche el culo!

¿Cómo entregan las kinesiólogas Trujillo sus servicios sexuales a caballeros exigentes?

Me hacia esa pregunta mientras mis potentes chorros de semen inundaron su ano. Un segundo orgasmo le llego dejándola desparramada sobre la mesa.

Salí de ella con cuidado. Ambos estábamos sudando y muy agitados. Luciana se giró y me sonrió satisfecha.

– Que rico polvo – dijo – hace tiempo que no disfrutaba de uno asi de bueno.

Puta de Trujillo

Le dije que había visto su anuncio en una página web y desde entonces siempre soñé con este momento. No se sorprendió con mi confesión, solo me dijo “espero que haya colmado tus expectativas y haya cumplido como lo esperabas”. Entonces con una cara de aprobación le respondí que sí, que había sido más de lo que pensé de ella. Era una loba salvaje. Quizá el mejor polvo de toda mi vida, hasta el momento. Así es que me comenzó a contar como fue que se inició en este rentable negocio y como es que pudo mantenerlo en reserva con los demás vecinos del condominio. Me hizo prometerle que no contaría nada de lo sucedido con ella ni mucho menos a  lo que se dedicaba. Me confeso que unas cuantas oportunidades llevo a su pieza a algunos de sus clientes debido a que dichos encuentros salieron del momento y como ella nunca es de decir que no, pues tuvo más opción que atenderlos en casa. Me confeso también algo que ya sospechaba: su compañera de cuarto también se dedica al oficio más antiguo del mundo y juntas son las más insaciables de las kinesiólogas Trujillo.

Después de esa maravillosa demostración de buen sexo me quede muy contento de tenerla como amiga, ahora cada vez que tenemos ganas y tiempo la pasamos muy bien en mi depa tirando con locura toda la noche.