EXTRANJERAS

Ser una parte de las llamadas kinesiologas extranjeras nunca paso por mi cabeza, desde que salí del colegio me busque la vida a mi manera. No me gustaba el estudio, así es que me dedique siempre a trabajar para no tener que depender de mis padres. Así fue que empecé a trabajar como dependiente en cadenas de restaurantes, supermercados entre otros. Estos trabajos temporales me permitían juntar dinero para poder cubrir mis necesidades básicas, mis chelitas, mis polvitos con alguna kinesiologa súper caliente y hasta para ahorrar alguito.

Kinesiologas extranjeras

Kinesiologas extranjeras

Debo reconocer que todo el dinero que yo ganaba lo depositaba en una cuenta y tenía el deseo de comprar un carro con el cual taxiar y a la vez levantar cuanta escorts acompañantes en actividad se pudiera. Era un asiduo visitante de cualquier página web para mayores de edad 18 años de agencia de escorts. Este sitio web de internet lleva el nombre de las kinesiologas y cuelga cuanta fotografía artística y publicidad de sus servicios sexuales. Estas kinesiólogas extranjeras de Colombia, Ecuador, Venezuela, cuba me tenían loco y ganoso de probar de su experiencia en el rubro.

Al cabo de unos años de mucho sacrificio pude juntar el dinero requerido para poder comprarme el carro que tanto soñé. Ni bien lo saque lo registre en el SETAME para poder trabajarlo sin problemas. Desde que inicie mi laburo como taxista me paseaba por los principales distritos en donde abundan estas chicas con cuerpos de modelos cuyas fotos aparecían en todas la paginas de sexo. Las veía paseando por san Borja, lince, Miraflores, san isidro, san miguel, hasta en surquillo y san juan de Lurigancho. Las tarifas no eran las mismas, los precios variaban dependiendo de la zona y de cómo estaba la puta: las habían bajitas, altas, maduritas, jovencitas, rubias y morenas, es decir había para todos los gustos.

Prepagos colombianas

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Salía muy temprano con mi carro a recorrer las calles limeñas con la firme convicción de llenar mis bolsillos del dinero que me generasen las carreras que hiciera. Como a las 11 de la noche comenzaba a rondar por las calles donde se paraban relucientes las bellas kinesiologas o incluso iba a los chongos que funcionan en las afueras de la ciudad como el callao, Lurín, carapongo, ancón, entre los más concurridos. Me daba vueltas a una velocidad muy baja como observando el material que se promocionaba en las principales vías limeñas. Cuando había alguna prostituta que llamara mi atención la abordaba y negociaba para poder llevarla a un lugar descampado y dar rienda suelta a mis fantasías sexuales en mi propio vehículo. Mi carrito se había convertido en mi hostal móvil y tenía ya muchas anécdotas que contar a mis amigos el fin de semana con sus respectivas chelas.

Sin embargo desde hace ya un buen tiempo atrás a las chicas que brindan su compañía sexual les ha salido una dura competencia. Los travestis han invadido sus zonas de trabajo y poco a poco se han ido apoderando de estas desalojándolas por completo de las calles. Es por ello que ahora cuando uno se da una vuelta por la Arequipa, por arenales, por Petit Thouars, Angamos, larco, entre otras vías zonas de putas ahora solo encontramos puro travesti caminando semi desnudo ofreciéndose sexualmente. En verdad es algo complicado porque estos travestis están bien producidos y confunden a los parroquianos quienes creyendo que son mujeres toman sus servicios para tener relaciones en hostales que hay por el lugar o incluso en la misma vía publica. Las kinesiologas por su parte han sido relegadas a los prostíbulos en donde tienen que pagar el alquiler del cuarto que van a ocupar pero tienen la seguridad de un lugar a donde llegan cientos de parroquianos.

En un par de oportunidades pude levantarme a una de las kinesiologas extranjeras de la zona de lince. En las intersecciones de Petit Thouars y Francisco de Zela estaban dos chibolas conversando cuando lentamente me detuve a su costado. La más avezada se acercó a mi ventana y me dijo “vamos mi amor?” entonces le dije sube y lo conversamos. Se despidió de su amiga y nos fuimos a dar vueltas mientras conversábamos sobre el servicio. “Te hago lo que me pidas mi amor, primero un oral peladito hasta que se te ponga dura como una roca, dejo que me chupes todo lo que quieras, pero nada de morder ni besar. Cuando estés listo entonces dejo que me penetres en las poses que desees. Si quieres darme por el culo también me dejo pero es un adicional, pero dependiendo como tengas tu pinga también, no quiero que me lastimes.” Tan solo con la descripción me puso como toro en celo que ya quería quitarle la ropa y tirármela. El servicio me costaba 50 soles aparte del hostal, pero le dije que ese no era problema para mí ya que estábamos conversando en el hostal. Tire el asiento para atrás y le dije “ya vez? Aquí vamos a hacer maravillas bebe”. Se comenzó a reír y a darme besos en el cuello y a sobarme la pinga.

Lolitas extranjeras

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Esa chibola tiraba de una manera exquisita, era quizá la más ardiente de las kinesiologas extranjeras que me había levantado en toda mi vida puteril. Sin embargo la semana siguiente conocí a Andrea, una ecuatoriana preciosa que atendía en su departamento por una zona bien ficha de Miraflores. Me la cruce por casualidad cuando me regresaba vacío de una carrera y ella me toma el taxi. Me pide que la lleve rápidamente a la avenida Larco a su condominio que le urgía llegar lo antes posible ya que se había demorado con una chambita y tenía que atender un caso en su depa. Al toque la saque que era una kine por sus ropas y su perfume que embriagaba. La lleve como rayo pero mientras la llevaba le hice una corta conversación que nos agradó a ambos. Al bajar y darme más de lo que le había cobrado me dio su número y me dijo que quería que sea su taxista personal. Desde entonces iniciamos una relación que fue más allá de lo laboral.

Al principio la relación con la Andrea era por puro interés. Yo le hacía sus viajes, la iba a dejar y a traer a algunas fiestas o la acompañaba a la casa de alguno de sus clientes. Luego de acumular suficientes puntos, ella me daba mi pago en especies. Una relación profesional, o más o menos. A veces yo le pedía algún adelanto porque había necesidad y ella nunca decía que no. Estuvimos así por un buen tiempo hasta que todo se empezó a complicar ya que empezó a involucrarse al corazón en esto y así ya todo cambia, no es lo mismo.

El departamento de Andrea estaba a pocos minutos de mi casa. Ella se dedicaba a la prostitución fina, con clientes exclusivos y que pagaban sus caprichos ya que es una mujer muy hermosa: un par de ojos verdes, cabellos castaños largos y un buen cuerpo. Una vez mientras la llevaba a uno de sus encuentros sexuales le pregunté, solo por curiosidad cuánto es lo que cobraba. Me dijo una cifra en dólares y yo le respondí “Ok, cuando sea millonario te llamo” y ella sólo sonrió. La primera vez que me pidió un favor me dijo que deseaba que la acompañara a una fiesta, pero que no podía tomar, algo así como su seguridad. Acepte, pero le dije que con ese favor debo ganar algunos “puntos extras” para canjearlos después. Seguro, me dijo, sonriendo de nuevo.

Nos hicimos buenos amigos y me conto que era de Ecuador, que tenía unos papás que se habían divorciado, que por haber sido rebelde y haberse fugado con un novio vagabundo le dieron la espalda y no quisieron saber más de ella. Para colmo su novio la dejo por una vieja adinerada y que entonces ella, sin dinero y sin nada, le dio por aprovechar su belleza acostándose con hombres de dinero. No le iba mal, y además trabajaba por su cuenta, aunque a veces había otras putas que molestaban y le quitaban clientela. Regularmente sus clientes la llamaban para llevársela a sitios turísticos, viajes al extranjero, etc. Su departamento tenía todos los lujos posibles y ahí también atendía clientes eventualmente.

prostitutas extranjeras

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Después de algunos favores que le hice, llegó la hora de canjear mis puntos. Esa puta hacia el amor deliciosamente, la primera vez que entré a su habitación fue precisamente para tirar y de verdad que me hizo un trabajo profesional. Baile y strep tease primero, oral peladito y sexo vaginal despues. Sus pechos firmes coronados con unos pezones rosados y suavecitos, sus piernas gordas y potentes, su exquisito aroma de mujer, su piel tan suave, todo excitaba. Eso sí, al terminar me pidió cortésmente que me fuera, ella necesitaba descansar y yo también, al otro día teníamos que ir temprano al aeropuerto. Yo me iba a quedar con las llaves de su departamento por cualquier cosa, me dio instrucciones para encender y apagar luces y dejar entrar a la señora de la limpieza.

Así que de vez en cuando me salía canje y la pasaba bien. Ella era amigable, pero mantenía su distancia, y mientras yo no me quejara de los clientes que llegaban, todo iba bien. Una vez me recuerdo que tuve que entretener a un cliente mientras ella terminaba con otro en su departamento. Un tipo gordo y grande, lleno de joyas y que fumaba un montón. Lo lleve a mi casa, pero me ponía nervioso ese tipo, sobre todo por una pistolota que llevaba consigo.

Hasta me trajo problemas con un par de novias mi amistad con Andrea, yo las calmaba diciéndoles que ella estaba muy ocupada siempre y que yo también, que solo éramos amigos y me daba chamba de taxi. Pero ni modo que yo no aprovechara la oportunidad, si estaba buenota Andrea. Ni de parte de ella ni mía había amor ni nada parecido, ni siquiera era tan seguido que me la levantaba porque tenía que acumular suficientes puntos. Aunque a veces había adelantos, eso sí.

Poco a poco nos hicimos más cercanos y ella me tenía más confianza. Me contaba de los problemas con sus clientes, de las esposas celosas que a veces la perseguían. Había un cliente que pagaba muy pero muy bien, pero el loco quería que ella lo orinara después de venirse. Estaban los fetichistas de pies, los que la querían con uniforme de colegiala, los sadomasoquistas. Había toda una fauna allí afuera de hombres que tenían dinero para pagar sus fantasías más raras.

kinesiologas venezolanas

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Todos los días chambeaba duro por las mañanas para quedar libre por las tardes, así me quedaba bastante tiempo para atenderla cuando necesitaba, porque su trabajo era siempre de noche. Para conseguir clientes iba a las discotecas y restaurantes más caros. Se movía en otro mundo realmente, uno de clase media no se imagina mucho cómo es ese nivel de gente que tiene dinero para tirar. Es otra cosa.

Todo estaba bajo control hasta que una noche ella vino a mi casa, llorando. Me contó que se acababa de enterar que su mamá había muerto en Ecuador por un accidente de auto. Había cancelado el par de citas que tenía y me pidió que fuera con ella a Quito para el funeral de su mamá, que no quería ir sola y no se le ocurría nadie más de confianza que yo. Me decía entre lágrimas “tu eres mi amigo, me tienes que acompañar por favor”. Ok, le dije, pero tu pagas el pasaje que yo no tengo. Y así lo hizo.

Casi no paró de llorar en todo el camino. Yo la consolaba entre mis brazos, la tranquilizaba. Le di una pastilla para que no se pusiera muy intratable porque la miré bastante mal. Justo eso era lo que yo no quería, involucrarme más con ella, yo no quería cargar con más problemas que los míos, y ya sabemos cómo es la cosa: las mujeres bellas se llevan todo y te dejan vacío si tú te dejas.

En Ecuador me presento como su novio. Según le dijo a sus familiares directos yo era empresario en Perú con negocios en Quito, nos habíamos conocido en la universidad allá en Lima. Una de sus tías no fue nada discreta y le dijo delante de mí, que siendo ella tan linda, cómo no se había conseguido un novio más guapo y no un indio como yo. Ella le sonrió y le dijo en su cara “pues este indio tira muy bien, algo que a ti como que te hace falta, tía”. La señora puso una cara tan chistosa que nos reímos con Andrea un buen rato y hasta nos tuvimos que salir del funeral.

Despues que paso todo, Andrea se puso muy cariñosa, y hasta se hizo una verdadera amiga. Me llamaba seguido y me invitaba a veces a comer o al cine. Andrea, le decía yo, a mi me encanta estar contigo y todo, pero ya no tienes que agradecerme más lo de mi papel de novio de mentiras, ya estamos a mano. Recuerdo que ella me dijo entonces, es que yo descubrí que tu eres el único amigo que tengo, no lo hago por agradecerte, sino porque sin tu compañía, de verdad yo me muero.

Entonces de puro arrecho me terminé por enamorar de esta bella mujer. No me la podía sacar de la mente, al dormir y al despertar pensaba en ella y en sus grandes y sedosos pechos. Hasta a la hora de tirar, el encuentro era más emotivo y ya no me pedía que la dejara sola. Qué error el mío, pensé más tarde, porque el cariño y el apego le duró apenas unos tres meses y después volvió a la normalidad, ya no quería que me quedara con ella por las noches, la relación era de nuevo por puntos. Días después de que se enfriara todo, desapareció.

chicas extranjeras

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La busqué por todos lados, la llamé a los diferentes celulares que tenía, llamé a sus familiares en Quito, averigüé con el dueño de su departamento a dónde había ido pero él sólo dijo que había dejado el año pagado por adelantado y que a él no le interesaba saber nada más. La busqué en hospitales y cárceles. Lloré y pataleé, en su habitacion busqué pistas de a dónde habría podido ir y qué estaría haciendo. Llamé a algunos de sus clientes. Le escribí un montón de emails de amor que jamás contestó. Pensando en que probablemente la habían matado la busqué en las morgues. Todo eso me hizo muy mal. Me llegué a sentir tan desesperado que una vez casi me maté con pastillas para dormir, si unos vecinos no se dan cuenta y no llaman a la ambulancia, yo no estaría aquí contando nada. Tuve que ir a una terapia donde una pspicóloga para calmarme. Tomé antidepresivos por seis meses antes de sentirme nuevamente bien y con fuerzas para continuar la vida. Pero entonces ella reapareció.

Me saludó como si nada, y me dijo que se mudaría a mi casa porque ya iba a vencer el contrato de su departamento. ¿Por qué me hiciste esto? le grité yo al verla entrar. Ella no contestó, sólo me abrazó y me dijo que no me podía contar en ese momento, pero que yo era al único que podía acudir, que ella procuraría colaborar en la casa, y que ya había dejado de ser puta.

A veces deseas tanto que suceda algo que cuando sucede no sabes si es bueno que haya sucedido. Yo tenía a mi amor ahí, pero por alguna razón algo faltaba. Fuimos en ese tiempo como una pareja de recién casados, ella se miraba contenta, y yo poco a poco me fui acomodando. Nunca creí que ella dejara de ser puta, de ahí que los celos no me dejaban estar tranquilo. Ella lo comprendía y entonces decidió contarme todo, pero me pidió que prometiera no dejarla al saberlo. Ella se había ido de viaje a México, con un ricachón, pero se había puesto de acuerdo con la mujer de él antes. Se irían de viaje con el señor y luego la esposa llegaría a encontrarlos infraganti para luego entablar una demanda formal de divorcio. Así sucedió, pero como el pobre hombre padecía del corazón le dio un ataque cardiaco al ver a su mujer y en pleno acto sexual, el viejo se quedó bien muerto. Como era un hombre importante, se tuvo que armar una escena en la que todo pareciera como una muerte natural. Sus hijos se encargaron de arreglar todo.

La idea original de la esposa traicionada era matar al marido, aunque Andrea no lo sabía al principio. Así que las cosas salieron mucho mejor de lo que la esposa pensó. Y de la millonaria cifra que cobraron por el seguro de vida, a ella le había tocado, para comprar su silencio, un par de millones de dólares. Así que si ella los administraba bien, sus días de trabajar de puta habían terminado para siempre. Y con quien quería compartir la vida era conmigo, que si yo la aceptaba a pesar de su pasado, ella se quedaría. Ya no quería seguir en ese mundo falso en donde vivía, quería una familia, amor y comprensión. Antes de llegar conmigo hasta se había hecho una prueba de sida, que salió negativa.

escorts extranjeras

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Sonaba increíble toda esa historia. El hombre enamorado no debe pensar mucho, sólo debe actuar, porque después puede arrepentirse no por lo que pasó, sino por lo que no pasó, y eso es más terrible. Así que decidí creérmela y ser feliz el tiempo que fuera, total, lo más que iba a pasar es que en algún momento ella me dejara. Pero lo bailado nadie me lo iba a quitar.

Han pasado ya cinco años desde que Andrea dejo el oficio más antiguo del mundo, seguimos juntos pero ahora somos tres: tenemos un niño de tres años que es nuestra adoración. Con Andrea pusimos una importadora de artículos de computación y alquilamos muchos locales en las galerías de Wilson y nos ha ido muy bien. Pero ella no pierde su esencia de puta y todas las noches me lo demuestra en la cama en donde se convierte en lo que nunca dejara de ser: la reina de las kinesiologas extranjeras, pero solo para mí.