SAN BORJA

Mi padre siempre fue una persona que impuso autoridad en casa y a mis tres hermanos nos formó por así decirlo con ese estilo militar con el que creció y se valió en la vida. Desde muy pequeño tuvo que volverse hombre ya que su padre lo abandono y él tuvo que ser el sostén de su hogar ayudando a su madre con la economía familiar. Cuando estaba en la secundaria mi abuela lo metió con mucho sacrificio a seguir sus estudios en el colegio militar Leoncio prado y es allí donde le coge el gusto a la vida militar.

kinesiologas San Borja

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Cuando termino el colegio mi padre se enrolo en la marina de guerra y formo parte de los infantes de esa fuerza militar. Estuvo por muchos años sirviendo a la patria y disfrutando de las anécdotas que la misma actividad te regala. Conflictos armados, desastres naturales, desfiles militares, reuniones con los compañeros y sobre todo la relación con las kinesiólogas que siempre están dispuestas a brindar su compañía sexual a los valerosos y vigorosos comandos de la marina de guerra.

Aunque nunca nos contó, cuando éramos niños, de sus vivencias sexuales con las chicas de 18 añitos que merodeaban los campamentos militares en las zonas alejadas del país hasta donde llegaban estos comandos a brindar alguna ayuda social o para alguna estrategia de seguridad nacional en zonas de conflicto, era conocida esta necesidad que tenían los soldados que estaban por meses en dichas ubicaciones lejos de sus familias y novias con todas las ganas propias de jóvenes de 20 años y que estas muchachitas sabían cómo solucionar, muy a su estilo claro está.

En las zonas donde acampaban los militares solían dar sus vueltas las siempre dispuestas kinesiólogas de la zona. Chicas entre 18 y 19 años dispuestas a satisfacer las necesidades de los valerosos comandos de la marina, ejército o aviación nacional a cambio de algunas monedas que muchas veces era asumida por el general a cargo de la agrupación marcial. Estas muchachitas de exuberantes cuerpos sabían perfectamente cuales eran las fantasías sexuales de los aguerridos soldados nacionales, les daban trato de pareja, con besos, caricias y oral peladito. Luego venia el tan ansiado sexo vaginal y si alguno deseaba darle por el culo a la puta era cuestión de ponerse a conversar.

Con el paso de los años mi padre conocía a mi madre y luego de un buen tiempo de noviazgo ambos decidieron unir sus vidas en matrimonio. Mi padre siguió ligado a la vida militar y continuo con los viajes por varios meses de ausencia en el seno familiar dejando a mi madre sola con la crianza de nosotros sus hijos. Es por esa razón que después de muchas conversaciones y análisis por parte de ambos es que mi padre decide darse de baja de su afamada marina de guerra que tantas satisfacciones y experiencias le habían dejado como lección de vida.

prepagos San Borja

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Tras su dolorosa salida de las fuerzas militares mi padre coloco un negocio el cual se encargó de hacerlo exitoso con el paso de los meses y años. Como les dije iniciando mi relato mi padre siempre fue una persona que aplicaba en si vida todo lo aprendido en su vida militar. A nosotros nos criaba con ese estilo: nos levantaba muy temprano de nuestras camas tocando una corneta y destapándonos totalmente para luego mandarnos a las duchas para el respectivo aseo. Al terminar de cambiarnos para ir al colegio ya el desayuno estaba servido en la mesa. El desayuno era abundante y muy nutritivo consistía en quaker, avena, frutas, un pedazo de pan, queso, huevos, mantequilla entre otros derivados de la leche. Le agarramos gusto a sus preparados en base a una mezcla de polvos traídos especialmente de la serranía de nuestro país conocidos también como “7 semillas”. Y claro está que parte de su formación era el asegurarse de que sus dos hijos sean unos machos en todo el sentido de la palabra.

Nos ponía en academias de natación, de futbol, con la finalidad de practicar los deportes más masculinos que hasta entonces se conocían. Así mismo nos daba su conocida charla de como relacionarse con el sexo opuesto y su clásico consejo “ustedes hijos tienen que probar todo tipo de mujeres altas, bajas, flaquitas, gorditas, morenas, blancotas, es decir probar todas las mujeres que puedan y luego eligen con la que se van a quedar toda su vida”. Supongo que así fue como el eligió a mi madre como la mujer de su vida y que la acompañaría por el resto de sus días.

Cuando entraba en la pubertad me empezaron a interesar algunos videos y revistas en donde se exponían sobre manera los cuerpos desnudos de voluptuosas mujeres de todas las nacionalidades incluyendo a las ricas Colombianas y Venezolanas, estas material conocidos también como material pornográfico. Si bien es cierto me gustaban las mujeres, era un chico bastante tímido y mi padre confundía mi timidez con delicadez, amaneramiento. Es decir mi padre temía, se horrorizaba con el solo hecho de imaginar que yo me podía convertir en el primer “maricon” de la familia. Es por ello que trataba por todos los medios de corregir esa anomalía en mi forma de ser.

chicas San Borja

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Una noche que mis padres habían salido invite a un amigo a ver películas en mi casa. Sin embargo cuando este llego saco de su mochila un par de vídeos de kinesiologas pornográficos que su hermano mayor guardaba en su habitación y que él había encontrado de puro curioso. Nos pusimos a ver los videos y tuvimos tanta excitación con las protagonistas de las filmaciones que tenían además de unos cuerpos de infarto unas técnicas para practicar el sexo que a nosotros con solo verlas nos habían arrechado demasiado. Con nuestros miembros totalmente erectos y duros nos tuvimos otra idea mejor que la de masturbarnos viendo a las hermosas muchachas del video. Para mi mala suerte mis padres regresaron pronto de su reunión y sin darnos cuenta mi padre entro a mi cuarto encontrándonos a mi amigo y a mí con las manos en las piezas. Obviamente mi padre se enfureció ya que pensó algo totalmente distinto a lo que realmente pasaba. Luego de correr a mi amigo y de calmarse un poco decidió conversar conmigo y me explico que lo que hacía no estaba bien. Cuando filtro la posibilidad de si era o no homosexual mi respuesta fue tajante y enérgica: “no papa, a mí me gustan las mujeres, solo que soy muy tímido para acercarme a una”.

Luego de mi respuesta mi padre me abrazo fuerte y se fue a dormir tranquilo pero al día siguiente me fue a recoger al colegio en su carro y me dijo sube hijo que tu y yo vamos a salir a pasar la tarde juntos. Cuando le pregunte a dónde íbamos el solo me respondió “a darle solución a tu problemita con las mujeres”. No quise preguntar mas y me acomode en el asiento al lado del conductor con toda la incógnita que la respuesta de mi padre generaba.

Dado que hacía bastante calor y que en el interior del carro mi padre y yo estábamos callados, acabé por dar una pequeña cabezadita. No sé el tiempo que estuve durmiendo, pero me desperté por el sobresalto que significaba pasar por una trocha de tierra. Abrí los ojos y descubrí frente a mi un edificio de ladrillo de dos plantas que no me daba muy buena espina. La fachada estaba pintada de color crema, con las ventanas en un tono algo más fuerte, aunque en general se notaba que hacía años que no pintaban. Miré hacia arriba y vi un cartel luminoso que rezaba “Las Condesas Club”.

-Hijo, te he traído aquí para que sepas de verdad lo que es una mujer. Después de lo que me confesaste anoche creo que esta sería una buena manera de empezar a romper ese hielo con las chicas. Por eso he pensado en pagarte una puta, para que desfogues y se te vayan los miedos con esta maravillosa creación que hizo Dios como es la mujer.

prostitutas en San Borja

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-Está bien papá, pero soy menor para entrar allí.

-Ya lo sé, hijo. Pero aquí me conocen y no me van a decir nada. Ya verás como la Veruchi te hace un hombre. Tú solo hazle caso a ella, ya verás como no te olvidas de esta. La muy golosa la chupa como nadie.

En este momento yo estaba atónito. No sólo se confirmaban mis sospechas de que mi padre le ponía los cachos a mi madre con esas putas, sino que encima me hacía cómplice a mí pagándome una para que me sacara de pito. Pensé en negarme, pero eso hubiera supuesto que mi padre dudara de mi sexualidad y me ganara una buena reprimenda hasta que cambiara de opinión.

-Por qué tú todavía no has tenido relaciones ¿no hijo?

-No papá–dije con voz baja.

-Pues mejor, así te estrenas con una profesional, que se las saben todas. Pero no te acostumbres, ¿eh?, que luego las muy putas son mucho más secas y no se dejan hacer nada. Tú tírate bien a la Veruchi que ya verás cómo luego quieres repetir.

Salimos del carro y entramos decididamente al local. Mi padre saludó al portero con unas palmaditas en el hombro, y éste le respondió con una sonrisa de complicidad. Debía estar avisado de mi presencia. Nada más entrar el humo del tabaco de los clientes me hizo toser. El ambiente estaba muy cargado, la iluminación era escasa y la música apenas dejaba hablar. Mi padre me llevó hasta la barra, pidió dos cervezas personales y se fue a hablar con una chica que estaba sentada en una de las mesas del local.

Estábamos terminándonos la chela cuando apareció otra chica, algo más joven, que inmediatamente se acercó a nosotros.

-Eres el hijo de Juan ¿verdad? –Me preguntó, alzando la voz para hacerse oír.

-Sí –Dije yo sin mucho entusiasmo.

-Yo soy Veruchi. Tu padre y yo somos viejos amigos, y me ha pedido un pequeño favor, ¿vienes conmigo?

-Vamos hijo, demuestra que eres todo un machote, como tu padre.

lolitas San Borja

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Me levanté de la mesa y seguí a Veruchi como pude, estaba algo mareado. Cruzamos unas cortinas, y tras zigzaguear por varios pasillos y subir a la planta superior, llegamos a lo que debía ser su habitación. Era un cuarto pequeño, amoblado con una amplia cama de matrimonio que se comía casi todo el espacio. Un gran espejo junto a la ventana y un ropero completaban la decoración del lugar. Junto a la puerta había un pequeño baño, al que me invitó a pasar para asearme mis partes.

Al salir, Veruchi estaba sentada en la cama, esperando. Llevaba un camisón de gasa transparente, bajo el cual se dejaba entrever una sensual ropa interior. Su pelo oscuro cubría sus hombros, acompañando sus bellas facciones. Debía tener unos treinta años, aunque tenía buen cuerpo. Estaba excesivamente maquillada, lo cual disimulaba sus ojeras y la daba un aspecto bastante artificial. Me la imaginé haciéndolo con mi padre, traicionando así la confianza de mi pobre madre, que no debía de tener ni idea de lo que estaba haciendo conmigo.

No sabía muy bien si quería aquello o no. La cabeza me decía que no, que no podía perder la virginidad así de cualquier modo, en un apartado tugurio y con una chica a la que acababa de ver por primera vez y que no era precisamente mi tipo. No podía escapar, pero estaba en una encerrona que no me gustaba nada. Sin embargo, ante la visión de aquella mujer dispuesta a tirar con alguien que podía ser su hijo, mi pinga comenzó a ponerse dura.

-Quítate la ropa y túmbate, que voy a darte un masaje. –Me dijo.

Obedecí sin saber muy bien por qué, me daba una vergüenza horrible desnudarme delante de ella. Me dejé los calzoncillos puestos y me tumbé boca abajo en el centro de la cama. Veruchi se colocó a horcajadas sobre mi, de rodillas con una pierna a cada lado de mi cuerpo y me untó una loción aromática en la espalda. Pronto su masaje empezó a relajarme, hasta el punto de dejar de pensar en las circunstancias bajo las cuales había llegado a aquel cuarto.

damas de compañia en San Borja

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Al cabo de diez minutos me colocó boca arriba, sentándose esta vez justo sobre mi evidente erección. Comenzó masajeando mis hombros y mis brazos, para ir bajando lentamente por mi pecho, mi abdomen, y finalmente mis muslos. Para entonces ya tenía la polla a punto de estallar, aquellas caricias me estaban excitando muchísimo. Cuando Veruchi me quitó los boxers ni siquiera me dio vergüenza, sólo pensaba en tirarmela cuanto antes.

Aún con restos del aceite en sus manos, recorrió suavemente el tronco de mi pene, deteniéndose especialmente en mis huevos. Me echó el prepucio hacia atrás un par de veces, como comprobando que deslizaba bien, para finalmente dejar la cabeza al descubierto y metérselo de un golpe en la boca. No me esperaba aquello, y el calor de su boca rodeando mi pene me hizo pegar un sobresalto. Cuando empezó a chupar en serio, comprendí porque mi padre era infiel a mi madre con Veruchi: sus mamadas eran insuperables. Apenas tardé un minuto en correrme en su boca, sin fuerzas ni siquiera para avisar.

-Por ser la primera vez te la paso, pero la próxima avisas, ¿ok? –Dijo ella, escupiendo mi semen en un pañuelo de papel.

-Está bien. –Respondí asustado. Ella debió notar que estaba visiblemente desesperado.

-No te preocupes, más de uno lo hace en cuanto te descuidas. Lo tuyo ha sido un fallo y te perdono. Es tu primera vez, ¿verdad?

-Sí.

-Bueno, pues ya verás como no la vas a olvidar. Desnúdame ahora a mí.

Con las manos temblorosas le quité el camisón, mientras que ella se desabrochaba el sujetador. Sus pechos no eran muy grandes, pero no había visto otros en mi vida, así que me quedé un buen rato observándolos.

-Tócalos si quieres.

Puse mis manos sobre ellos con torpeza, sintiendo su suave textura. Tenía miedo de apretar demasiado, sus pezones estaban tan duros que debían incluso dolerle. El tacto era muy agradable, y la sensación de estar tocando a una mujer comenzó a excitarme de nuevo. Veruchi agarró mis manos y recorrió su cuerpo con ellas, como enseñándome donde debía tocarla. Recorrió sus pechos y su espalda, para luego aproximarse lentamente a su entrepierna.

Se acarició usando mis manos, y pude sentir por primera vez lo que es tocar una concha. Ella me indicó un poco por encima lo que tenía que hacer para dar placer a una mujer, y lo fue poniendo en práctica según me explicaba. Primero metió mi mano dentro de su trusa y me hizo acariciar su clítoris. Estaba totalmente rasurada, lo cual hizo más fácil encontrar los puntos que ella me decía. Al cabo de un rato me dijo que estaba lista para recibir uno de mis dedos, así que tímidamente busqué la entrada a su vagina e introduje un poco mi dedo índice.

Aquello no debía estar gustándole demasiado, pues enseguida Veruchi me cortó, y se levantó de la cama para coger una caja de preservativos que tenía en su mesa de noche. Tras darme un cursillo acelerado sobre como colocarse un condón, se sentó sobre mí y se introdujo mi pinga de un solo golpe. Acaba de perder técnicamente la virginidad.

A pesar del plástico que nos separaba, podía sentir perfectamente las paredes de su conchita rozando lentamente con mi pene. Veruchi se movía despacio, de forma que el placer era más intenso y concentrado. Coloqué mis manos detrás de mi nuca y me olvidé de todo para centrarme en el primer polvo de mi vida, cortesía de mi padre. Era una prostituta, sí, pero aquello ya me daba completamente igual.

Si miraba hacía abajo, era como tener delante una película porno, con la imagen de mi miembro entrando y saliendo de su concha pelada una y otra vez. Sus pechos bailaban al ritmo de sus movimientos, que comenzaban a ser cada vez más rapidos. Mi pinga estaba aún más sensible después de la primera corrida, sobre todo el enrojecido glande, pero eso hacía que mis sensaciones fuesen aún más intensas.

-¿Quieres intentarlo tú? –Me dijo al cabo de un rato.

-Bueno… –Respondí, aunque sin saber muy bien ni por dónde empezar. Veruchi permaneció sobre mí, así que comencé a mover mis caderas hacía arriba y hacia abajo con mucho cuidado de que no se me saliera.

-Eso es, así vas bien. Puedes ir un poco más rápido si quieres, aunque se salga no pasa nada.

Poco a poco fui cogiendo mayor confianza y con el constante bombeo sentía como se me endurecía aún más la pieza. Entonces Veruchi colaboro gimiendo un poco y moviéndose al compás de mis embestidas. Cada grito, gemido y movimiento que daba la puta de mi padre hacia que me vuelva más loco y quiera partirla en dos. Mis penetraciones fueron entonces cada vez más violentas y ella se dio cuenta. Sin decirme algo que me detenga sino todo lo contrario escuche de sus labios decirme con voz sensual “asi asi métemela toda…reviéntame la conchita…déjame toda tu leche hasta que salga la última gota”.

Las ultimas embestidas la Veruchi lo disfruto, lo sé porque sus gemidos fueron con un tono distinto. Además cuando me vine sentí muy caliente y cuando saque mi pinga de su concha note que el condón estaba bañado en sus fluidos seminales. Luego de recuperar el aliento me beso por la espalda y me dijo estuviste muy bien, hasta me has hecho sudar muchacho. Ahora que ya sabes lo que es probar una concha caliente como la mía puedes venir cuando quieras, no tienes que esperar que te traiga tu papi. Espero que me visites pronto. Y se comenzó a vestir para continuar atendiendo a los ansiosos parroquianos que esperaban por ella alla afuera.

Esa fue mi primera experiencia con una de las kinesiologas san Borja y siguiendo los consejos tanto de mi padre como de Veruchi me volví un asiduo visitante del centro nocturno y poco a poco me volví un experto en el arte amatorio.