Santa Anita

Santa Anita
















Kinesiologas Santa Anita una historia de lo que pasa día a día, cuando uno tiene años en la profesión busca la manera de innovar y hacerse durable en el negocio. Ser kinesióloga no es nada fácil en el Perú te sale competencia de todos lados, de las duras y de las desleales también. Desde que llegue de mi lejana Cajamarca me situé en el distrito de santa Anita y me convertí en una de las kinesiologas del ovalo santa Anita como independiente. Recorría, como todas las demás chicas de la zona, las calles una y otra vez para poder captar la mayor cantidad de parroquianos.

A mis clientes los espero en el hostal Vegas, ya que por la proximidad que hay con las discotecas y nigth clubs de la cuadra, circulan muchos consumidores del servicio sexual a toda hora. Hay de todas la edades y niveles socio económicos, yo no me hago problemas con eso, mientras no traspasen el límite de lo permitido está todo bien. Suelo ser muy cariñosa con mis clientes, me gusta tratarlos como lo que son: mis parejas de turno, además con ello me aseguro su pronto retorno a mis brazos.

Putas en Santa Anita

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Soy “Kasandra”, llevo cerca de 10 años en las calles y cada vez la situación se pone más dura, como les contaba por la competencia. Cuando inicie el ovalo santa Anita empezaba a despegar comercialmente, la llegada de Plaza Vea, de la universidad San Martin y los locales de diversión que comenzaron a operar en ese entonces lo convirtieron con el tiempo en una pepita de oro que todos querían tener. Entonces las kinesiólogas se multiplicaron, los hostales que se aliaban con algunas también, llegaron incluso putas de otros distritos como san juan de Lurigancho, lince, san isidro quien llegaron con la novedad de entregar volantes donde ponían las paginas donde anunciaban junto con otras amiguitas, luego vinieron las extranjeras, las colombianas, ecuatorianas y ahora venezolanas. Pero como si eso fuera poco hace unos años aparecieron muy cerca de la zona los travestis quienes aunque no se pueda creer también nos quitan clientes.

A pesar de todo he podido soportar cuanta situación complicada se me haya presentado y como les comentaba he tenido que adaptarme e innovar con las novedades que aparecían. Tengo 28 años soy delgada, guapa e independiente para gusto de mis clientes. Además que mis pechos naturales y mi garganta profunda son del agrado de los que han probado mi compañía sexual y son mi mejor carta de presentación. He optado por poner anuncios clasificados para adultos en los diarios, he mandado a confeccionar mis volantes también y por supuesto ahora tengo un blog de kinesiólogas en donde anuncio yo y muchas chicas de todas partes: de magdalena, lince, Miraflores, los olivos, etc. Yo soy muy versátil y ahora si desean también hago salidas afuera de la ciudad, puedo movilizarme a donde me lleven, con decirles que me toca a veces animar eventos y fiestas o incluso cumplir las fantasías más retorcidas de mis clientes que incluso me regalan disfraces que me hacen modelar para ellos.

Damas de compañía Santa Anita

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Pero esta noche me siento melancólica, me siento algo nostálgica. Mientras recorro las calles de santa Anita ante la mirada morbosa de los hombres que me comen con los ojos recuerdo mi lejana ciudad cajamarquina, en donde comenzó todo. Si me volví puta fue por puro gusto, porque una cosa no debería llevar a la otra, pero así sucedió. Me considero una mujer bella pero además soy una golosa del sexo, me gusta que me penetren y me hagan sentir mujer. El solo hecho de saber que lo hare con un desconocido me pone excitada y si ese hombre es de mi gusto pues más caliente me pongo y más accesible me tendrá. Difícilmente le digo NO a un cliente pero un par de veces lo tuve que hacer ya que era imposible darle amor a ese par de impresentables: como dicen en los negocios, las putas también tenemos todos los derechos reservados de nuestro servicio.

Recuerdo que todo comenzó aquel maravilloso verano en que cumplí los 18 años. Soy natural de Cajamarca del barrio La merced en donde todos los años vivimos plenamente la celebración de los carnavales y que para coincidencia cae justo en la semana de mi onomástico. Aquel año era especial para mí ya que adquiría al fin la mayoría de edad y podía realizar mi más preciado sueño: independizarme y conocer Lima. Desde muy pequeña siempre fui una niña además de bonita muy madura para mi edad, mientras las otras niñas jugaban con muñecas yo me preocupaba de mi apariencia cogiendo las pinturas de mi madre para verme una putona. Siempre fui muy atractiva, aunque sea poco modesto decirlo he mejorado muchísimo con el paso de los año y hoy a mis 28 años estoy buenísima.

Escorts Santa Anita

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La vida en Cajamarca era muy aburrida si no fuera por los meses festivos. El ver mi ciudad invadida por visitantes de todos los departamentos del Perú y por extranjeros de todo el mundo me hacían soñar con viajar y conocer el mundo. Es ahí que nace mi deseo de conocer Lima y luego todo mi país para finalmente cumplir mi sueño de conquistar el mundo. En febrero la cosa era más interesante porque venían muchos visitantes y cambiaba la rutina diaria. Apenas me conocían me perseguían todos los chibolos, con bastante malas intenciones, pero yo los hacia sufrir un poquito para finalmente entregarles lo que querían de mí, total no era de metal, tenía mis sentimientos y necesidades también.

Ese año de mi descubrimiento como kinesióloga, llego para pasar las fiestas de carnavales al barrio, Patricia, la hija del bodeguero de la cuadra y que radicaba en Lima desde hacía ya unos cuantos años. La Patricia ya no se llamaba así, se hacía llamar ahora “Milusca” y cada año venía más elegante, con más joyas y hasta un carro llego a comprar. Con ella sí que perdían el juicio todos los mayorcitos del barrio, solo bastaba con ver como babeaban al verla llegar y eso a ella le encantaba. Tenía unos 26 años, cabello castaño, ojos verdes y unas tetas y un culo casi tan bonitos como los míos.

Prostitutas Santa Anita

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Recuerdo la noche que había verbena en la plaza, y “Milusca” pasó por delante del escenario iluminado por los reflectores y su cuerpo se alumbro por completo. Los tíos empezaron a silbarle y a lanzar piropos como poseídos, si no fuera por los agentes de seguridad de la municipalidad, yo creo que la violan allí mismo.

Nadie sabía exactamente a qué se dedicaba “Milusca”, que si era enfermera, peluquera, nadie lo sabía. Pero lo que si sabía todo el pueblo es que durante su estancia veraniega hacía repetidas visitas a la casa del alcalde de la ciudad y parece que éste lo pasaba muy bien porque la cara de alegría le duraba hasta bien entrado el invierno. Todavía recuerdo el día que “Milusca” me busco y me dijo si quería acompañarla a casa del alcalde, pues había llegado su hijo que estudiaba en el extranjero y mientras ella “charlaba” con el padre yo podría confraternizar con el niño. No lo conocía al supuesto hijo y me las olía que me llevaba de niñera, así que le dije que no había inconveniente. Le pregunté que por qué me lo decía a mí y me contestó que me conocía de toda la vida y que yo era muy guapa y si quería podría salir del pueblo con ella y cambiar de manera de vivir.

Primero fuimos a su casa en donde, según ella,  me produciría para la ocasión.

–Pasa y toma lo que quieras. Oye que te parece si te llamo “Kasandra”, es un nombre muy sexy ¿no? – me dijo.

–Claro. Me gusta, llámame como gustes.–le respondí encantada ya que el nombre en verdad me gusto y hasta ahora lo uso.

Entramos a su habitación, no había nadie en casa, así que podíamos estar tranquilas. Abrió el armario y me dejó boquiabierta, nunca había visto tanta ropa y zapatos juntos.

Lolitas Santa Anita

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–Que bárbara! Que cantidad de ropa.–dije sorprendida.

–Puedes ponerte la que más te guste.- me dijo con una sonrisa en los labios.

Abrió un cajón del ropero lleno de lencería y me dijo que cogiera también. Era impresionante, había trusas y sostenes para poner un puesto en el mercado.

– Pero no pretenderás que me cambie de ropa interior aquí no?

–¿Por qué no? “kasandra”, mejor que te cambies aquí toda la ropa así te asesoro que vayas bien combinada. Mira ¿qué te parece este conjunto? – dijo entregándome un hilo minúsculo y un sujetador ínfimo, solo unas tiras negras que debían dejarlo todo al descubierto.

– Muy pequeño ¿no? –

–jajaja anda tonta pruébatelo. Seguro que te quedara perfecto.

–¿Dónde puedo cambiarme?

–Pues aquí mismo, ¿no irás a tener vergüenza, no?

Evidentemente, era una tontería tener vergüenza porque estuviera ella en el cuarto, así que empecé a desnudarme y me puse el hijo y el sujetador, me miré en el espejo del ropero y hasta me impresioné yo misma.

–Ves lo que yo te decía? estás guapísima. Por cierto ¿eres virgen?

Me puse colorada como un tomate

Chicas en Santa Anita

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–¿Por qué lo preguntas?

–Solo por curiosidad, ¿lo eres?

Me sorprendí contestándole

– No, hace ya un par de años que no lo soy ¿y tú?

–jajajaja obvio que no. Ahora ponte un vestido el que más te guste.

Después de unos cuantos cambios elegimos uno que me quedo muy ceñido y que dibujaba mis atributos físicos.

–Ves “kasandra” tenías que cambiarte de ropa interior, así no se marca nada. Ahora vamos por mí. Se desnudó y empezó a acicalarse. En un momento estaba mínimamente vestida con una minifalda y un top casi transparente. Sujetador no llevaba y no le vi ponerse trusa, como comprobaría después efectivamente no llevaba nada más que lo que se veía.

–Vamos a pintarnos para la guerra. Supongo que puedes quedarte a cenar y dormir fuera de casa si hace falta ¿no?

–Mejor voy a llamar a mis padres y les diré que me quedo aquí en tu casa. –Muy bien. Luego de las llamadas respectivas partimos a casa del alcalde a eso de las 8 de la noche.

Llegamos a una casa muy grande y preciosa. Salió el mayordomo quien nos hizo pasar, nos acompañó a un salón en donde se encontraban el alcalde y su hijo elegantemente vestidos y con una botella de vino esperando por nosotras.

Los dos estaban guapísimos y se nos acercaron ofreciéndonos una copa para brindar.

–Hola “Milusca” bella como siempre y ¿tu debes ser “Kasandra”? “Milusca” nos ha hablado muy bien de ti–nos saludos el señor alcalde.

Kinesiologas Santa Anita

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Luego de las presentaciones y halagos respectivos quedamos emparejados como inicialmente habíamos acordado, “milusca” cogió del brazo al alcalde y yo me quede conversando entretenidamente con José el hijo del alcalde quien se quedó mirándome las tetas desde un inicio y eso no me disgustaba, por el contrario me excitaba mucho.

José hijo no perdía el tiempo después de hacerme la conversa y besarme las manos las veces que quiso se sentó en el sofá con milusca y empezaron a besarse, a reír y a bromear mientras nos miraban.

–Llevas un vestido precioso, kasandra, si quieres te podemos facilitar ropa y complementos, lo que tú quieras, ya sabes que tenemos una tienda en la capital muy bien surtida, cuando lo desees puedes pasar por allí y llevarte lo que te guste–me dijo el señor alcalde mientras me miraba también las tetas como deseando morderlas.

–Muchas gracias señor. El vino empezaba a desinhibirme y ya no me molestaba lo más mínimo que me miraran las tetas, ni cuando me rodeó la cintura con su brazo.

–¿Qué tal preciosas si pasamos al comedor y cenamos? Tenemos mariscos, ustedes saben que es afrodisíaco.

–¿Afro… que? ¿ qué es eso?–dije algo mareada.

–Afrodisíaco, osea que te pone caliente ¿me entiendes? Que te entra un hormigueo aquí– y puso su mano en mi entrepierna. Yo me sobresalte un poco, pero él siguió acariciándome.

-Te sube un calorcito desde aquí, pasando por las tetas, los pezones se ponen duros– seguía la explicación con sus manos, para que pudiera entenderlo bien. Y te entran unas ganas terribles de tirar ¿no te ha pasado nunca?

–Claro, siento todo eso cuando me entra la arrechura.

Lolitas Santa Anita

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-jajajaja eso mismo es mi querida “kasandra”-me respondió el señor alcalde.

Entramos en el comedor, era precioso, con muy poca luz, velas y una música lenta. José hijo y milusca seguían en coqueteos y José padre (el alcalde) me ayudó a sentarme. Yo tenía que subirme el vestido, porque con lo estrecho que era no podía casi ni moverme. Me quedaron las piernas casi completamente al descubierto y ahí estaba el alcalde sin perderse ningún detalle. No tenía que esforzarse mucho porque la mesa era de cristal y se veía todo, sobre todo a milusca, que evidentemente no traía trusa y con las piernas entreabiertas le estaba dando un buen espectáculo al hijo del alcalde.

Ahora se estaban repartiendo las conchitas y jugando con ellas en la boca de milusca: José hijo le pasaba las conchitas por los labios y ella las lamía con la puntita de la lengua y se las comían los dos. Yo estaba cada vez más caliente.

–Kasandra ¿no has probado las conchitas?

–No, nunca.

–Pruebalas, ya veras como te gustan. Me acercó una a la boca y se le cayó, justo en el escote de mi vestido.

-Huy!! Perdóname – y sin darme tiempo a pensar me metió la mano entre las tetas con la excusa de recuperar el marisco. No tuvo mucha suerte en la pesca porque tardó muchísimo en encontrarla y no desperdició la ocasión de sobarme las tetas y pellizcarme los pezones. Me estaba poniendo muy caliente, ahora entendía lo del afrodisíaco.

–Aquí está la conchita, ¿has visto a que se parece?

–No, ¿a qué se parece? – pregunte inocente.

–Se parece mucho a tu vagina, por eso le llaman conchita supongo.- me dijo mirándome con lujuria.

-Viejo sinvergüenza-dije dentro de mi sonriéndole.

–¿Quieres comprobarlo? Milusca, siéntate en la mesa y enséñanoslo.

Ahí estaba Milusca con la falda por la cintura, el culo en el frio cristal y las piernas bien separadas

–¿Ves cómo se parece?

–Sí, si se parece – dije sin saber dónde mirar.

–Anda cométela – me la metió en la boca – chúpame los dedos, cariño.

Ahí estaba yo chupando los dedos del alcalde y él acariciándome las tetas sin ningún problema. Claro que su hijo le estaba acariciando la concha a milusca a punta de lengüetazos y parecía que la estaba llevando al paraíso porque mi amiga gemía de placer.

–Ahora Kasandra quítate el vestido, ponte cómoda como tu amiga. A mi no me parecía que estuviera muy cómoda, ahora tenía la pinga de Jose hijo en la boca y no parecía que pudiera respirar muy bien. Pero el alcalde se encargo de dejarme desnuda rápidamente.

¿Has probado lo que hace milusca? Me dijo y a los segundo ya estaba desnudo y acariciándose el pene me lo acercó a la boca.

–No, no, yo no hago esas cosas. Dije en un principio.

Entonces milusca se volvió hacia mí dejando la faena un momento, los dos se me acercaron y entre los tres empezaron a meterme mano. José hijo empezó a besarme, con esa lengua deliciosa que tiene; el alcalde se dedicó a mis tetas y milusca me hacia el mejor sexo oral de mi vida. Luego de un rato cambié la lengua del hijo por la pinga del padre, casi sin darme cuenta y empecé a comérmela con verdadera devoción. Milusca seguía comiéndome la conchita mientras que José hijo la penetraba por detrás.

–Muy bien milusca, prepáramela bien, que ahora mismo la penetro – decía el alcalde quien tenia un miembro bastante grande. Y yo como una tonta chupa que te chupa aunque en verdad tenía unas ganas locas de que me penetrara de una vez y me sorprendía a mi misma gritándole “tírame ya, métemela de una vez”

–Eso es lo que quería kasandra, que me lo pidieras.

Entonces me tiró en la alfombra, con un cojín bajo el culo, para levantar la pelvis y facilitar la penetración, apuntó con su pene hacia mi conchita humeda y empezó a empujar, sin prisa pero constante. Sentía como si me estuvieran quemando por dentro.

–ahhh…que rico se siente!!! Que pene tan grande tienes…me vas a partir!!!-le decía excitada.

–Tranquila, cariño, no aprietes – decía mientras me besaba como un loco y me mordia el cuello y el hombro.

Yo seguía recibiendo contenta todo su miembro que estaba muy erecto y ardiente.

– Ahora vamos a empezar a movernos – dijo mientras me lo metía poco a poco. Sus movimientos cada vez eran más rápidos y profundos, me debía llegar al estómago. Empezaba a gustarme.

–Sigue, sigue, José que bien lo haces.

Entonces me llegó el primer orgasmo y no aguante dar unos alaridos y gemidos profundos. Pero el alcalde seguía perforando como un energúmeno, con mucha energía. Luego de unos minutos más se vino en mis tetas y en mi cara y eso me agrado demasiado.

– Ven kasandra, chupármela y déjamela bien limpia.

–Como tú digas– le dije y se la chupe otra vez, tenía un gusto muy rico el semen del alcalde.

Esa noche tiramos sin parar, luego de que me levantara el alcalde, siguió el turno de su hijo quien a pesar de no tener la experiencia del padre tenia la vitalidad de un muchacho de 24 años. Finalmente salimos de la casa del alcalde escaldada y hecha polvo, pero con un buen fajo de billetes, mi primer sueldo, ahora ya sabía cuál era la profesión de milusca y parecía que yo me había graduado con buena nota.

Cuando regresábamos en su auto me pregunto:

– ¿Qué tal? ¿Lo has disfrutado?-me pregunto. No le podía mentir, claro que lo disfrute.

-Ya ves, si te gusta el sexo, con tu cuerpo puedes ganar una fortuna, vente conmigo a Lima y nos haremos las reinas.

Cuando acabaron las fiestas me fui con ella. Tiene su departamento en una zona exclusiva de Miraflores. Ella fue mi maestra por varios meses pero llego el momento de independizarme y entonces me fui a donde hoy me considero la mejor de las kinesiólogas santa Anita. Me dediqué a mi profesión con absoluta dedicación pero nunca olvido como inicio todo.